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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante su encuentro con la comunidad colombiana residente en Nueva York

Nueva York, 22 sep (SIG). El arte de gobernar lo han comparado, a través de la historia, sobre todos los clásicos, con el arte de navegar. Dicen que son cosas parecidas. Yo utilicé este símil porque yo fui marino. Yo estuve en la Armada Nacional. Allá me enseñaron a navegar. Me enseñaron que para ser un buen navegante tenía uno que tener un puerto de destino, saber para dónde va. Y no importa si los vientos son favorables o desfavorables, si uno tiene ese puerto de destino, los utiliza para llegar a él.

Lo mismo en el arte de gobernar. Si uno se fija unas metas, si uno se fija unos objetivos y persevera, no importa las tempestades, no importa los vientos, generalmente logra esos objetivos. Y hay que recurrir a buenos marineros, a buenos acompañantes, para construir la navegabilidad, o en el arte de gobernar para construir la gobernabilidad.

Fue por eso que desde el primer día del gobierno seguí un consejo, un ejemplo de un gran presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, cuando contra la voluntad de su partido, contra la voluntad de sus asesores, decidió invitar al gobierno a sus rivales en la campaña. Y dijo Lincoln entonces: si queremos construir un país con objetivos ambiciosos, necesitamos de la ayuda de quienes hasta el día de hoy han sido nuestros rivales.

Eso fue lo que hice en Colombia. Apenas gané las elecciones, invité a los partidos políticos que compitieron conmigo, a los candidatos que fueron mis rivales, y les dije: Pensemos en Colombia. Tenemos un momento de la historia muy importante, estamos en un punto de inflexión. Trabajemos todos juntos para lograr esos objetivos, que mucha gente ha soñado con ellos y que nunca hemos podido obtenerlos.

La respuesta fue muy positiva. Fue totalmente positiva. Todos los partidos que invité a ser parte de la Unidad Nacional, respondieron positivamente. Dijeron: estamos listos, estamos comprometidos y vamos a trabajar juntos.

Por eso es muy significativo que en esta visita, que es la cuarta vez que vengo a la Asamblea de las Naciones Unidas, pero sobre todo esta visita con nuestros compatriotas, con ustedes, los colombianos que viven a aquí, venga acompañados de los presidentes de los partidos que conforman esaa Unidad Nacional.

El único que falta es el presidente del partido Cambio Radical y la razón es contundente. Entre hoy y mañana nace su hijo. Entonces le dije: bien puede quedarse el doctor Galán, recién elegido como presidente del partido. Pero estoy muy bien acompañado de los presidentes de los otros partidos.

Eso ha sido definitivo en los resultados que hemos obtenido en estos tres años de gobierno. Cuando nos fijamos ese puerto de destino, comenzamos a dibujar un país más seguro, un país más moderno y sobre todo un país más justo.

Esas tres palabras: justo, moderno y seguro, han sido las palabras inspiradoras de toda nuestra política de gobierno, de todas nuestras políticas públicas que hemos puesto en marcha. De todos los proyectos de ley y reformas constitucionales, que gracias a la Unidad Nacional hemos logrado aprobar en el Congreso de la República. Hemos tenido gobernabilidad. Y esa gobernabilidad nos ha dado, nos ha facilitado, nos ha permitido lograr esos resultados.

Un país más seguro

En términos de un país más seguro, nos propusimos atacar tres frentes, tres peligros, tres amenazas que tenía Colombia y que sigue teniendo: el frente del terrorismo: la guerrilla, las Farc y el Eln; el frente de las bandas criminales al servicio del narcotráfico, y la inseguridad del ciudadano de a pie, la seguridad ciudadana.

Frente a estas tres amenazas, establecimos estrategias específicas, diferentes, porque son diferentes tipos de enemigos. Pero hemos seguido perseverando y obteniendo resultados contundentes.

En la primera amenaza, la gente a veces se le olvida. Hace precisamente tres años estaba yo aquí en una reunión de la Asamblea de Naciones Unidas, y me llegó la noticia de que una de las operaciones que habíamos planeado hasta el último detalle contra ese personaje siniestro que se llamaba ‘el Mono Jojoy’, fue exitosa. Y esa persona que le había causado tanto daño a este país, tanto dolor, tanta violencia, ya no iba a poder continuar haciendo lo que quería.

Desde entonces, hasta el día de hoy, no hemos bajado la guardia ni un solo instante. Nuestros soldados de tierra, mar y aire, nuestros policías, que todos sus días ofrecen sus vidas, arriesgan su integridad para defender la seguridad de los colombianos, han seguido en los operativos y con muy buenos resultados.

Solamente a las Farc hemos neutralizado, es decir, hemos dado de baja o están en la cárcel, 47 de sus cabecillas. Eso no se había visto en los 50 años de existencia de las Farc. Y así como dimos de baja al número dos, al ‘Mono Jojoy’, también dimos de baja al número uno, ‘Alfonso Cano’.

Y hemos reducido el número de personas con fusil, lo que llaman encuadrillados, a su mínima expresión, es decir, a su mínimo nivel desde que se llevan las cifras. Es por eso que están en La Habana dialogando. Si fueran triunfantes, si estuvieran fuertes, no estarían dialogando.

Frente a las bandas criminales: hace tres años recibimos un país con unas bandas criminales que tenían verdadero poder nacional. Acuérdense ustedes que salían en los periódicos las famosas ‘Aguilas Negras’ y el nombre esas bandas, que hacían lo que se les daba la gana a lo largo y ancho del país.

Pues bien: nos propusimos reforzar la inteligencia, como reforzamos en contra de la otra amenaza. Nos propusimos descabezar esas bandas y desarticularlas, quitarles su influencia a nivel nacional. Y hay una cifra realmente contundente. Todos los jefes de esas bandas criminales que estaban operando, todos sin excepción, que estaban operando en enero del año 2012, hoy ya no existen: o están muertos o están en la cárcel.

Y solamente una banda queda con alguna influencia a nivel nacional, que es una banda a la que le dicen ‘Los Urabeños’, porque las demás, ‘Los Rastrojos’, todas esas, han venido reduciéndose.

Y ahí comienza un problema nuevo y es que se subdividen. Entonces se vuelven bandas más pequeñas, pero con un poder también más pequeño. Frente a ellas también hay que aplicarles una estrategia especial. Y ahí estamos perseverando frente a esa amenaza.

Y está la seguridad ciudadana. Por primera vez en la historia del país, pusimos en marcha una política integral que hemos llamado de Convivencia y de Seguridad Ciudadana. Creamos una Alta Consejería para coordinar esa política, porque la seguridad tiene que estar coordinada con los alcaldes y con las comunidades. Y esa política está marchando y está dando resultados.

Tenemos la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes más baja de los últimos 35 ó 40 años. Tenemos los secuestros más bajos en los últimos 40 años. Tenemos cifras de piratería terrestre y otro tipo de indicadores que están en la tendencia a la baja.

Hay problemas, por supuesto, que surgen del éxito de otras políticas: esas pequeñas bandas se dedican a extorsionar en ciertos sitios. Frente a ellos también tenemos políticas.

Pero lo que les quiero decir es que no hay lugar a dudas, lo muestran los hechos, lo muestran las cifras, que hoy tenemos un país más tranquilo de lo que teníamos hace tres años. Como hace tres años tenemos un país mucho más seguro de lo que teníamos hace 10 años. Vamos avanzando.

En ese aspecto fundamental de cualquier Estado, de cualquier gobierno, porque como lo decían los propios romanos cuando crearon el concepto de República: la primera ley de la república tiene que ser la seguridad, porque si esa ley no opera, las demás leyes se vuelven inocuas.

Por eso en ese frente, cualquiera que esté en la cabeza del gobierno, tendrá que perseverar, tendrá que continuar, siempre hay que buscar darles más seguridad a los ciudadanos, porque es la base del progreso.

Un país más moderno

Y esa mayor seguridad es la que ha permitido trabajar y obtener muy buenos resultados en esos dos frentes, en la construcción de un país más justo y de un país más moderno.

Un país más moderno, ¿de qué se trata? ¿Qué necesitamos para hacer un país más moderno? Son cosas elementales, obvias, pero importantísimas, para que el país pueda progresar. Un país moderno es un país que tiene una economía sólida, una economía sostenible.

Por eso nos dedicamos a fortalecer la economía. Recibimos una economía con un déficit de 18 billones de pesos. En estos tres años hemos logrado convertir ese déficit en un superávit de 2 billones de pesos en diciembre del año pasado.

Y para garantizar esa fortaleza fiscal hacia adelante, propusimos en el Congreso una reforma constitucional que en su momento fue muy debatida, y que hoy es ejemplo en el mundo entero.

Le propusimos al Congreso que llevara a nivel de criterio constitucional el concepto de la sostenibilidad fiscal, para que cuando el Estado se expresara, bien sea el poder judicial a través de sus fallos, bien sea el poder legislativo a través de sus leyes, bien sea el poder ejecutivo a través de sus decretos, tuvieran en cuenta el impacto fiscal de sus medidas, de sus decisiones.

Y a renglón seguido, les propuse una ley todavía más audaz: propongámonos nosotros mismos una camisa de fuerza, forcémonos a ser disciplinados, para que no suceda lo que está sucediendo en el mundo entero, aquí en Estados Unidos, que van acumulando déficit tras déficit, y llega el momento en que explota y el costo social es inconmensurable, es altísimo.

A mí me tocó como ministro de Hacienda administrar tal vez la peor crisis fiscal que ha tenido el país en 80 años. Me tocó reducir los presupuestos de la salud, de la educación, con qué dolor. Nos retrasamos 30 años en un solo año, en dos años de crisis. Por eso me quedó esa experiencia muy vigente en mi corazón y en mi cabeza. Y por eso mis primeros proyectos de ley que presenté al Congreso fue ese proyecto.

Y eso, esa disciplina que ya tenemos a nivel constitucional y legal, ha generado una confianza del mundo entero en la economía colombiana, como nunca antes habíamos vivido.

Hace dos días hicimos una emisión de bonos en los mercados internacionales. Queríamos mil millones de dólares. ¿Sabe por cuánto nos demandaron? Por 7 mil millones. ¿Y a qué costo? Al costo más bajo que hemos podido colocar bonos en nuestra historia. Durante este año hemos logrado afortunadamente, las dos emisiones las hemos colocado con los costos más bajos de nuestra historia.

¿Eso qué significa? Que hay confianza en el futuro de nuestra economía. El mundo está creyendo en Colombia. Y es un activo que tenemos que consentir y cosechar todos los días, porque de ahí se desprende la posibilidad de hacer una buena política social, de hacer una buena política de infraestructura, de hacer el resto de tareas que le corresponden a un buen gobierno.

O sea que ya hemos logrado ese objetivo fundamental de tener las variables económicas en su mejor momento. Lo mencionaba Jaime Buenahora: la inflación, que es tal vez el impuesto más regresivo y más nocivo para cualquier economía, porque afecta, les quita poder adquisitivo a quienes solamente tienen un ingreso, en cambio favorece a quienes tienen activos, y eso ahonda las brechas sociales. Pues tenemos en estos tres años el promedio de inflación más baja de la historia.

Y ahí continuaremos, porque tenemos una política monetaria también señalada en el mundo entero como ejemplo. Un Banco de la República, un Banco Central independiente. Pero un banco que coordina con el Gobierno para su política monetaria, para su política contra la inflación.

Tenemos una economía que está creciendo en forma sana. No hay tal que estamos en la enfermedad holandesa. Los sectores que están creciendo, están creciendo por sus propios méritos, por así decirlo. Tuvimos la cifra de crecimiento del segundo trimestre de este año hace cuatro días: 4,2 por ciento. Este año calculamos que vamos a crecer al 4,5 por ciento.

Miren lo que nos pasó. En el primer trimestre crecimos 2,8 por ciento, y todo el mundo dijo: Qué desastre. ¿Qué le está pasando a la economía colombiana que creció 2,8 por ciento? Es un porcentaje que hoy añoraría cualquier país europeo o Estados Unidos. Pero eso ya es historia por ciento: 4,2 y vamos a crecer al 4,5 por ciento. O sea que ese ya es un objetivo que hemos logrado. Ahora tenemos que echarle agüita y cuidar el árbol para que siga creciendo.

¿Pero cómo sigue creciendo, cómo seguimos convirtiendo el país en un país competitivo y moderno? Nos propusimos, al comienzo del Gobierno, conectar a todos y cada uno de los municipios del país con fibra óptica y banda ancha.

A mí me decían: para qué promete lo que no puede cumplir. No haga ese tipo de promesas. Y dije: ¿por qué no lo vamos a poder cumplir? Pensemos en grande. ¿Por qué no lo podemos hacer? Pues lo estamos cumpliendo. Y vamos a conectar mil 78 municipios con fibra óptica y banda ancha. Y los que no podemos conectar, como lo hice hace cuatro días en Providencia, porque no puede llegar la fibra óptica a Providencia, lo estamos conectando para que tengan Internet, y un Internet rápido a través de microondas. Todos los municipios del país van a estar conectados al final de este cuatrienio.

¿Eso para qué sirve? Sirve, ni más ni menos, que para darles a todos los niños y niñas de Colombia, a todos los colombianos, el mínimo acceso a la tecnología, a la información, que tienen los habitantes de Estados Unidos, de Francia, de España, de Japon. Yo voy a los pueblos más remotos de Colombia y les digo: ustedes ya están conectados. Les estamos regalando computadores y tabletas, sobre todo a través de los colegios. Vamos a repartir dos millones de computadores y tabletas.

Esos niños descubren un mundo nuevo. Yo tuve una experiencia maravillosa, que la repito con mucha frecuencia y se las voy a contar a ustedes: el Director de un centro de investigación aquí en Estados Unidos, en Boston, que se llama el señor Nicholas Negroponte, que tiene un programa de computadores, me dijo: ¿Por qué no hacemos un experimento? ¿Por qué no vamos a un sitio más remoto, pequeño, y les regalamos un computador a todos los niños y llevamos unos instructores? Le dije: Trato hecho.

Fuimos a un sitio muy remoto, en La Macarena, donde ni siquiera llegaba la señal de celular y escasamente les llegaba alguna onda de radio. Nos tocó poner una antena digital. Pero nos fuimos, entregamos a cerca de 400 niños 400 computadores. Mandamos unos instructores. Y fuimos con el señor Negroponte dos meses y medio después a ver qué había pasado.

Esa fue una experiencia maravillosa. Llegamos a un pueblo donde los niños se habían tomado el pueblo. Los niños estaban con los computadores y los papás detrás diciendo: explíqueme eso. Los niños, con unos poquitos elementos de cómo manejar un computador, comenzaban solos a descubrir ese maravilloso mundo. Eso es lo que quiero que suceda en toda Colombia para que tengan igualdad de oportunidades.

Otro frente en esto de construir un país más moderno: infraestructura. Yo fui Ministro de Hacienda, yo cometí ese pecado, todos los ministros de hacienda, porque todos teníamos problemas fiscales, lo primero que sacrificábamos era nuestra infraestructura. Porque era lo menos costoso políticamente: reducir la educación, reducir la salud, eso generaba costos políticos. Pero posponer una carretera, posponer una orden, eso no era costoso.

Entonces fuimos acumulando, gobierno tras gobierno, un atraso monumental en nuestra infraestructura, a tal punto que transportar un contenedor desde Bogotá o de Medellín a un puerto, Buenaventura o Cartagena, costaba más o sigue costando más que de ese puerto a Honk Kong o a Tailandia o inclusive dándole la vuelta al mundo, porque nuestra infraestructura es realmente muy pobre.

Y ahí también dijimos: ¿por qué no pensamos en grande, por qué no podemos construir las autopistas que construyen en Estados Unidos o en Suiza o en Italia? ¿Acaso es que los colombianos somos menos eficientes, nuestros ingenieros son brutos o nuestra mano de obra no sirve? ¿Por qué no pensamos en grande?

Y nos propusimos una gran revolución en la infraestructura. Para eso teníamos que tener una buena institucionalidad. Entonces eliminamos esas instituciones que estaban encargadas de nuestra infraestructura y creamos otras. Nos propusimos hacer algo que Colombia no había hecho nunca, que los países serios todos lo hacen, y es crear un banco de proyectos, estructurar los proyectos para hacer los proyectos bien.

Cuando yo les digo a ustedes que nuestras concesiones que se han otorgado en el pasado, han acabado costando entre seis y diez veces más de lo que estaba previsto, uno queda aterrado. Pregunta: ¿por qué? Porque no planeaban, porque no estructuraban, porque hacían las cosas a la carrera, y las cosas a la carrera salen mal hechas.

Entonces dijimos: esperemos, hagamos las cosas bien, no es tan importante que el primer sea rápido sino que sea correcto. Y en este momento ya está en marcha la revolución más grande que se haya podido imaginar cualquier persona en materia de infraestructura. No son 36 billones, son 48 billones de pesos que estamos entregando en licitaciones, que en este momento se están otorgando con las empresas más grandes del mundo en asocio con las empresas colombianas. Y ustedes van a ver en cinco o seis años una Colombia completamente nueva

¿Y eso es en qué se traduce? En una economía más competitiva, que a la larga se traduce en más empleo. Por ejemplo, este año construimos 300 kilómetros de dobles calzadas, el mismo número de kilómetros que construyó España en su mejor momento. De ese tipo estamos haciendo. Ya hoy.

Estamos invirtiendo en puertos, estamos invirtiendo en los aeropuertos. Yo espero que antes de finalizar el año la otra parte del Aeropuerto El Dorado quede inaugurada.

En infraestructura estamos haciendo un gran esfuerzo y una gran revolución, todo esto para construir un país más moderno. Hay muchas otras cosas que estamos haciendo en ese frente, que no quiero entrar en detalle, pues me prolongo demasiado

Un país más justo

Pero todo eso es para construir, para mí lo más importante, un país más justo. Nuestro país era el país más desigual de todo el continente, con excepción de Haití. Qué vergüenza. Colombia era el país más desigual de todo el continente con excepción de Haití. Y en la campaña dije: Eso lo tenemos que corregir, esto no puede ser. Entre otras cosas, si queremos que la economía crezca y sea sostenible, ninguna economía es sostenible con esas brechas.

Por eso pusimos en obra una serie de medidas, de políticas, dirigidas a cerrar la brecha entre regiones ricas y pobres, y a cerrar la brecha entre regiones ricas y pobres.

Nadie daba cinco centavos, porque lo habían ensayado muchísimas veces, que se pudiera aprobar una reforma constitucional que permitiera repartir las regalías en una forma más justa. Porque las regalías iban a tan solo unos pocos departamentos. Y cuando uno llegaba a esos departamentos a preguntar dónde están las regalías, todo el mundo miraba para arriba, que no sabemos. Pues eso era lo que estaba pasando con nuestras regalías, tristemente.

Dije: eso tiene que parar. Somos un país rico viviendo sumidos en la pobreza. Esto tiene que arreglarse. Y gracias a la Unidad Nacional, logramos esa reforma, que creo que es histórica. Y hoy en día las regalías están llegando a todos los departamentos, a todos los municipios, pero con preferencia a aquellas zonas donde está concentrada la pobreza, para ir cerrando brechas en materia regional.

Y al mismo tiempo, hemos venido focalizando políticas, que vayan dirigidas a los más vulnerables, a sacar de la pobreza a los que están sumidos en la pobreza, sobre todo en la pobreza extrema. Y hoy podemos decir ya: los ingresos de los estratos más bajos han crecido seis veces más rápido que los ingresos de los estratos más altos.

Y por eso somos el país que en los últimos tres años ha logrado reducir la desigualdad más de toda América Latina, con excepción de Ecuador. Ecuador nos ganó.

Y como decía Jaime Buenahora, ya no somos el segundo país más desigual, estamos más o menos en el promedio de América Latina. Aunque sabemos y soy el primer consciente en que nos falta muchísimo camino por recorrer, porque todavía tenemos muchísimas dificultades y tenemos que perseverar ahí.

En la lucha contra la pobreza ya cumplimos la meta que nos propusimos de reducir del 37 al 32 por ciento. Vamos cerca al 30. Y miren qué cosa tan maravillosa: fuimos señalados por el Fondo de Desarrollo Humano y de Lucha contra la Pobreza de la Universidad de Oxford, por el Premio Nobel Amartya Sen, como el país ejemplo en el mundo en materia de política social. Que ya no nos conozcan por los secuestros, por el narcotráfico, sino por nuestra política social, es un cambio realmente importante y ahí tenemos que perseverar, porque, repito, es mucho el camino que nos queda por recorrer.

La educación. La educación, que es lo más importante que puede uno hacer como gobernante, porque eso realmente es sembrar futuro, expedimos un decreto, no se requería una ley, decretamos educación gratuita para todos los niños y niñas de Colombia desde el grado cero al grado once. Y eso se está aplicando hoy en día.

Y ahora estamos empeñados en mejorar la calidad de la educación, mejorar la calidad de los colegios. Tenemos unos programas maravillosos que nos hemos copiado de diferentes partes del mundo.

Hemos estudiado dónde están haciendo las cosas bien. Por ejemplo, importamos un modelo donde se capacitan los profesores, para mejorar la forma cómo les enseñan a los niños matemáticas y lenguaje. Y los mismos profesores se van a las aulas, a los salones de clase, y les enseñan a los demás profesores: hagan las cosas así.

Hoy en día hay más de dos millones y medio de niños que ya están beneficiándose y la calidad ha venido subiendo solamente con ese programa.

Estamos incorporando un programa para mejorar los docentes, usando un modelo coreano. Corea es hoy en día el país que tiene las mejores calificaciones, junto con China, las calificaciones en calidad de la educación primaria y secundaria. Nos estamos asociando con los coreanos en mejorar la calidad de nuestra educación.

Estamos haciendo en la salud unos esfuerzos monumentales. Hoy en día, la salud se mide por lo que llaman los expertos un cubo, que tiene tres diferentes frentes. Uno: ¿qué porcentaje de la población está cubierta por el sistema de salud? Ustedes saben muy bien que aquí en Estados Unidos ese es un tema muy álgido. Pues Colombia ya tiene técnicamente cobertura universal en materia de salud.

La otra lista: ¿qué porcentaje de las enfermedades están cubiertas por el sistema? Colombia es de los países, y ahora con la ley que nos aprobó el Congreso, eso se reafirmó, porque la salud dejó de ser un negocio para convertirse en un derecho fundamental, somos de los países que más cubrimos enfermedades que le dan a la gente, dentro del sistema.

Y la tercera lista que miden los expertos es: ¿qué porcentaje del bolsillo de la ciudadanía tiene que dedicarse a la salud? Es decir, ¿cuánto le cuesta en salud de lo que no hace el Estado? Pues Colombia tiene uno de los puntajes más bajos también. O sea que nuestro sistema y nosotros decretamos algo que también hace de Colombia un país más justo: o sea que había ciudadanos de primera categoría y ciudadanos de segunda categoría.

Los de primera categoría tenían acceso a un sistema de salud con ciertos beneficios, y los de segunda categoría no tenían esos beneficios. Pues nosotros expedimos un decreto diciendo: no, señores, vamos a nivelarlos no por la bajo sino por lo alto. Y hoy todos los colombianos están nivelados por lo alto y no por lo bajo. Y eso es ir construyendo un país más justo.

En empleo, como lo decía también Jaime Buenahora, hemos logrado reducir el desempleo mes tras mes, sin excepción, durante 36 meses. Y somos el país que más empleo genera, y empleo formal. Porque antes creábamos empleo, pero era empleo informal. Y hoy estamos generando más empleo formal que informal. Y somos el país de América Latina que más empleo ha creado en estos últimos tres años. Es un logro muy importante.

Ya la última cifra de desempleo está por debajo de dos dígitos, que era lo que nos habíamos propuesto. Todavía tenemos que hacer un gran esfuerzo, porque todavía hay más un dos millones 200 mil colombianos sin empleo, buscando empleo y no lo encuentran. Demasiados colombianos todavía. En fin, vamos en este propósito de crear un país más seguro, más moderno y más justo, vamos avanzando y avanzando bien.

Diálogos de paz

Todos esos resultados se han logrado en medio de un conflicto, en medio de una guerra que hemos tenido durante los últimos 50 años. ¿Qué nos ha pasado a los colombianos? Que nos hemos acostumbrado a la guerra, que nos hemos acostumbrado a la violencia, que ya nos hemos vuelto insensibles, como anestesiados, y ya matan diez soldados y eso no es noticia, no sale en los periódicos. Y hay una masacre aquí, una masacre allá, y la gente sigue su camino, sigue su camino como si no existiera.

Sin embargo, la guerra sigue. Por eso también me propuse quitar esa mula muerta, esa vaca muerta, del camino, que nos frena en nuestro desarrollo. Si hemos logrado lo que hemos logrado en medio del conflicto, imagínense ustedes lo que significaría no tener el conflicto, lo que eso cambiaría.

Por eso me propuse dar ese paso arriesgado, lo sé; difícil, lo sé, pero lo tomé a conciencia. Es más fácil hacer la guerra que hacer la paz. Yo he hecho la guerra y, modestia aparte, con mucha efectividad. Nadie en Colombia le ha dado tan duro a las Farc como este servidor. Nadie.

Pero al mismo tiempo recorro el país. Y de pronto me acuerdo, hace 15 días, estábamos entregando las primeras viviendas gratis del programa de 100 mil viviendas, que estamos dando a aquellas familias que nunca se habían imaginado que podían tener una vivienda, porque ni siquiera tenían para abrir una cuenta bancaria, que era un requisito para que les dieran un subsidio.

Y llegó un señor, don Leo, y llegó cojo y le dije: ¿Qué le pasó? Tienen preferencia las víctimas, los desplazados. Me dijo: Perdí la pierna en la guerra. Y le dije: Hombre, pues lo siento mucho, pero ahora va a tener su casa para usted y su familia. De manera que mire las cosas con optimismo. Lo felicito.

Y me dijo: Presidente, no voy a poder disfrutar esa casa con mi familia, porque mi señora y mis dos hijos también los perdí en la guerra, los asesinaron.

Dramas como estos los ve uno todos los días. Por eso estoy empeñado en que la paz sea posible en Colombia.

Yo sé que a la gente le queda difícil a veces entender ciertas cosas de este proceso. Por ejemplo, yo me propuse adelantar el proceso minimizando los riesgos. ¿Qué quiero decir con eso? Que si fracasa el proceso, que al país no le cueste.

Por eso dije desde un principio: mantenemos los combates, mantenemos la ofensiva militar, no bajamos la guardia, es decir conversamos en medio del conflicto.

La guerrilla hace diez años le decía al gobierno lo mismo que le estamos diciendo nosotros hoy a la guerrilla. Ellos nos decían: nada de cese al fuego sino hasta cuando terminemos los acuerdos. ¿Por qué? Porque ellos estaban ganando espacio.

Hoy es al contrario: la contundencia militar, nuestros soldados y nuestros policías los tienen cada vez más arrinconados. Entonces son ellos los que están pidiendo cese al fuego y yo les digo: no, señores, hasta que lleguemos a los acuerdos

Pero eso genera confusiones. La gente dice: ¿pero cómo así, usted conversando con estos individuos que han generado tanta violencia, allá en Cuba, y al mismo tiempo se están matando aquí en el país?

Eso genera confusiones. Hay que hacer una pedagogía de por qué eso es mejor que un cese al fuego, que siempre lo han aprovechado para fortalecerse y después pegarle más duro al Estado. Entonces eso hay que explicarlo.

O, por ejemplo, también pusimos como condición que nada está acordado hasta que todo este acordado. ¿Por qué puse esa condición? Porque yo era consciente que iba a suceder lo que está sucediendo hoy en día.

Si uno le pregunta a los colombianos: ¿quieren que las Farc participen el política? Dicen: No. ¿Usted quiere que las Farc entren al Congreso? La gente dice: No.

Es una reacción natural, es una reacción obvia. Es como cuando un pintor está pintando su cuadro y no quiere que el comprador entre cuando el cuadro este pintado en un 10, en un 15 o en 20 por ciento. Él quiere que el comprador lo vea cuando esté completo: o lo compra o lo deja. Eso es lo que quiero con el proceso: que esté todo completo.

¿Cuáles son las condiciones? ¿Cuáles son las ventajas? ¿Cuáles son los costos? Para que el pueblo colombiano, y es la primera vez que se hace un proceso con la condición de que tiene que ser refrendado por el propio pueblo colombiano. Generalmente los procesos no son objeto de refrendación, precisamente por lo complejos, pero en este caso va a ser.

Por eso el pueblo colombiano puede estar totalmente tranquilo de que lo que estamos negociando en La Habana es cómo cambiar las balas por los votos, las armas por los argumentos, para que el país pueda vivir en paz.

Tenemos un abismo de cómo pensamos el futuro del país entre la guerrilla de las Farc y este servidor, pues claro, hay un abismo, pensamos diferente prácticamente en todo. Pero de eso se trata la paz: de tener puentes entre contrarios, porque la paz no se hace con los amigos, se hace con los enemigos. Por eso tenemos que perseverar sin sacrificar lo fundamental de nuestra democracia y de nuestro país.

Porque imagínense nuevamente ustedes a Colombia sin el conflicto, imagínense lo que podíamos hacer, y eso se los dije a los campesinos, que por primera vez están saliendo a protestar.

Los campesinos me decían: ‘Presidente, es que antes uno miraba para la derecha y tenía los fusiles de los paramilitares, y miraba para la izquierda y uno tenía los fusiles de la guerrilla, uno no se atrevía a musitar palabra’.

Y yo les he dicho: salgan a protestar, es parte fundamental de cualquier democracia, háganlo pacíficamente, pero a la larga eso estimula y fortalece nuestra institucionalidad.

Eso es parta importante de la transición que estamos viviendo, y parte de lo que vamos a hacer es dedicarle mucho más recursos al campo colombiano, que ha sido abandonado entre otras cosas por el conflicto. Allá está concentrada la pobreza, más que en las ciudades. Allá está concentrada la desigualdad, más que en las ciudades.

De manera que si sacamos esa mula muerta del medio e invertimos en el campo, somos uno de los 7 países, de acuerdo con la FAO, con verdadero potencial de aumentar la producción de alimentos, en un mundo que comenzando a sufrir una crisis de alimentos.

Qué oportunidad. Pero con el conflicto de por medio, va a ser mucho más difícil. Sin el conflicto, el progreso va a ser mucho más rápido.

Además la paz es algo que tiene que buscar cualquier sociedad. Es lo más importante que puede buscar un país que ha vivido 50 años de conflicto, 50 años de guerra, 220 mil muertos. Eso es el doble de los que murieron en Kosovo, en la antigua Yugoslavia. Cinco millones de desplazados.

¿Vamos a durar otros 50 años para buscar la paz? No creo. Por eso estoy empeñado en conseguirla. Para eso necesitamos de todos los colombianos, los que viven en Colombia y los que viven en el exterior.

Es importante que todos apoyen, porque la paz no es de Juan Manuel Santos, la paz no es de este Gobierno, la paz es de todos los colombianos, la paz es de ustedes. Por eso todos tenemos que poner nuestro granito de arena, asumirla como un propósito nacional, encauzarla bien. Y ahí este país, ahí si de veras se dispararía en su desarrollo, en su creación de prosperidad.

Por eso ese puerto de destino de un país más seguro, de un país más moderno, de un país más justo, se le agrega un país en paz.

Y nos ha tocado afrontar problemas serios, tempestades complicadas. El día que me posesioné, al otro día estaba yo visitando las inundaciones, la ola invernal, el desastre invernal más grave que ha tenido Colombia en toda su historia, pero salimos adelante y salimos adelante bien.

Nos ha tocado este fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que nos llegó, y nosotros no teníamos velas en ese asunto, pero lo estamos afrontando y vamos a salir bien. Y esas pretensiones de Nicaragua de llegar hasta Cartagena con su plataforma continental, no las vamos a permitir que se consolide, tengan la seguridad.

Y estos paros que vimos estos últimos días. Vamos a convertir esa crisis agropecuaria que existe, soy el primero en reconocerlo, tenemos que aprovechar esa crisis, como dicen los chinos, y convertirla en una oportunidad. Vamos a hacer ese gran pacto agrario, para poner una política agrícola realmente importante a funcionar en el campo colombiano, que ha sido abandonado y que no ha tenido realmente una política agropecuaria agrícola desde hace muchísimos años. Entonces vamos a convertir eso en una oportunidad.

Por eso les diría que vamos por buen camino. La comunidad internacional nos está viendo cada vez con mejores ojos. Ayer me llama el Presidente de la Comisión Europea a decirme que el Presidente (del Gobierno español, Mariano) Rajoy va a proponer que la Comisión y el Parlamento Europeo les quite las visas a Colombia en Europa.

Tengan la seguridad que vamos a hacer todo lo posible para que así sea, me dijo el señor Barroso, y me advirtió que eso se demora posiblemente de aquí al año entrante, pero tengan la seguridad que por el lado nuestro va a tener todo nuestro apoyo.

Pero eso es un pequeño ejemplo de cómo nos están viendo hoy con ojos diferentes. El papel que hicimos con el Embajador (de Colombia ante Naciones Unidas, Néstor) Osorio en el Consejo de Seguridad.

Colombia salió de esa experiencia, dos años en el Consejo de Seguridad, con un gran prestigio. Tanto es así que sin buscarlo, sin hacer el más mínimo guiño, de pronto dijeron: necesitamos un Presidente para la Comisión Económica y Social de Naciones Unidas, que es la segunda instancia después de la Asamblea General, y dijeron: Colombia y eligieron a Colombia por unanimidad. Eso es producto de lo que estamos haciendo.

Y logramos, sin buscarlo, la Secretaría de Unasur. Restablecimos las relaciones con Ecuador, con Venezuela. No quiere decir, como algunos dicen, que estamos ahora de acuerdo en el modelo venezolano. ¿Quién ha dicho? Lo que pasa es que uno puede tener buenas relaciones con quien piensa diferente, si respeta las diferencias. Eso fue lo que le dije al señor Hugo Chávez, el 10 de agosto de 2010, me acuerdo muy bien porque era mi cumpleaños.

Le dije: mire, usted y yo somos como el agua y el aceite, le dije yo al él. Nos hemos dicho hasta de que nos vamos a morir. Hasta ‘mico’ nos hemos dicho. Pero usted es Jefe de Estado, Presidente de Venezuela, y yo soy Jefe de Estado y Presidente de Colombia. Por el bien de los dos pueblos tenemos que entendernos. No tenemos que pensar igual. Yo no me voy a convertir en un revolucionario bolivariano, ni pretendo que usted entre a hacer parte de la Unidad Nacional, no. Pero respetemos las diferencias y trabajemos juntos en lo que les conviene a los colombianos y a los venezolanos, y eso se mantuvo hasta el día de su muerte.

Yo espero mantener esa misma situación con el Presidente (de Venezuela, Nicolas) Maduro.

Con el Presidente (de Ecuador, Rafael) Correa algo parecido. Hoy estamos como en una ‘luna de miel’ y para gran beneficio de los colombianos. Estamos exportando muchísimo y ellos también.

Acabamos que ir a la Corte Internacional de La Haya a retirar la demanda a retirar la demanda que tenía Ecuador contra Colombia. Eso es parte de eso.

El tratado de libre comercio con Estados Unidos estaba estancado, no lo querían votar en el Congreso norteamericano, lo votaron. Lo mismo con el tratado de libre comercio con la Unión Europea. Vamos al Asia y allá ya nos miran con respeto, con admiración. La creación de la Alianza del Pacífico es hoy, como dicen, la integración de moda.

Vamos a tener una reunión con los presidentes de las compañías más importantes de Estados Unidos los presidentes de la Alianza del Pacífico pasado mañana, y se agotaron las boletas en 20 minutos, todos querían ir, todos quieren estar ahí. Son las cuatro economías más dinámicas de todo el continente. Ahí está Colombia en el centro.

Hoy saca uno el pasaporte colombiano y ya no lo meten a los cuarticos a esculcarlo. Le dicen más bien: usted es de ese país de esa campeona del salto triple de Caterine Ibargüen, o usted es de ese país que tiene la selección que estaba de tercera y ahora estamos de quinta, porque perdimos con Uruguay, en la Fifa. O usted es de ese país que esta de primero, por primera vez en el historia, en la clasificación de la Confederación de Ciclismo Mundial. Usted es de ese país que está subiendo como una estrella fulgurante en todo sentido, porque así es como le dicen a uno los analistas internacionales: Colombia está de moda. Colombia va para arriba. Colombia sigue su dirección correcta.

Eso es lo que vamos a continuar. Eso es lo que tenemos que continuar todos. Por eso, y con esto termino, siempre llamo a la unidad. Nosotros tenemos que unirnos, dejar los odios a un lado, dejar los rencores al otro. Qué ejemplo de nuestro querido Cónsul, a él lo secuestraron, su señora fue asesinada. Y mírenlo ahí diciendo: quiero la paz. Qué ejemplo. Eso es Colombia, y eso es lo que quiero para los colombianos, para que ustedes se sientan cada vez más orgullosos de ser colombianos.

Y aquí en la parte puramente doméstica, el registro consular, ya la Cónsul tiene la autorización para comenzar a expedirlo. Ustedes tienen, y yo se los digo, tienen un gran representante de ustedes en el Congreso. El doctor Jaime Buenahora ha sido un gran representante, siempre pendiente, porque lo veo todos los días machacando por sus intereses. La segunda curul de los representantes en el exterior fue gracias a una insistencia de Jaime Buenahora, que además con ese carácter de nortesantandereano: pues no le paso esta ley, si no me pasa esta. Entonces le dije: bueno.

Pero además ha estado de ponente en todas las grandes reformas que les estoy señalando, él ha estado ahí presente. De manera que yo quiero agradecerle, doctor Buenahora, por su trabajo, porque es bien importante.

Y agradecerles a ustedes todos, porque lo que estamos haciendo es construyendo patria, lo que estamos haciendo es sembrando más semillas, para que este gran país, nuestro país que se llama Colombia, siga creciendo y siga obtenido cada día mejores resultados. Que Dios los proteja y muchas gracias”.

 
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