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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la concentración de ‘Las víctimas le caminan a la paz’

El Carmen de Bolívar, 23 jun (SIG). “Hace dos días estuve ascendiendo a los nuevos oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, estuve ascendiendo a los nuevos generales y almirantes de nuestras Fuerzas Militares y de la Policía.

Terminé en la Escuela Naval en Cartagena, donde estuve yo durante unos años, y les decía a los cadetes que ahí en esa Escuela me enseñaron muchas cosas: me enseñaron la disciplina militar, me enseñaron a marchar, me enseñaron a disparar, pagué calabozo y me enseñaron a navegar.

Y que esa última enseñanza me ha servido en la vida, porque para poder navegar, para ser un buen navegante se requiere identificar un punto fijo, un puerto de destino; y hacer todos los esfuerzos, utilizar todos los vientos para llegar a ese puerto de destino.

Cuando asumí la Presidencia me acordé de esa enseñanza y diseñamos el puerto de destino donde queremos llevar a Colombia. Ese puerto de destino es una Colombia más justa, una Colombia moderna, una Colombia más segura, una Colombia en paz.

Y desde el primer día de mi gobierno nos hemos empeñado en lograr ese sueño de los colombianos, a llegar a ese puerto de destino.

Todas las políticas, todas a las acciones del gobierno han estado encaminadas a esos objetivos: un país más justo, un país en paz, porque la paz no solo se logra silenciando los fusiles, y la paz no solo se alcanza con los acuerdos que podamos lograr en la Habana.

La paz se construye todos los días en los municipios, en los corregimientos, en los departamentos, en las regiones del país.

La paz se construye combatiendo la pobreza, como lo hemos venido haciendo con mucho éxito, porque hoy podemos decir que junto con Perú hemos sido en los últimos dos años el país que más ha logrado reducir la pobreza en toda la región latinoamericana.

Aunque somos conscientes, porque también hay que ser realistas, que nos falta muchísimo camino por recorrer.

La paz se construye disminuyendo las desigualdades, no solamente en las personas, sino en las regiones.

Por eso hicimos aprobar en el Congreso, y saludo a todos los senadores y representantes que hoy nos acompañan, que han venido contribuyendo y de qué forma a poder avanzar hacia ese puerto de destino.

Logramos aprobar la reforma a las regalías, que distribuye un recurso que es de todos los colombianos y de manera mucho más justa, más equitativa.

Departamentos como Bolívar recibían unas regalías cercanas a los 200 mil millones de pesos en promedio al año, este año va a recibir casi el doble: 391 mil millones.

La paz se construye generando empleo, que es la mejor forma de combatir la pobreza y con qué orgullo podemos decir que Colombia en estos dos últimos años y medio ha sido el país de América Latina que más empleos ha creado. Sin embargo, también aquí nos falta mucho camino por recorrer.

Hemos creado igual número de empleos que el Brasil, pero el Brasil tiene cuatro veces nuestra población. Pero nos falta, todavía, conseguirle empleo a más de dos millones de colombianos que están buscando empleo y no lo encuentran.

La paz se construye dándoles educación a los colombianos, a los niños y a las niñas. Por eso decretamos la gratuidad total para que las familias no tengan que pagar un solo peso, para los niños del grado cero al grado once. Y estamos empeñados en mejorar la calidad de esa educación por todos los medios posibles.

La paz se construye cuidando a nuestros niños para que puedan aprender en los colegios. Por eso con mi señora (María Clemencia Rodríguez) que hoy me acompaña, iniciamos un plan muy audaz, muy ambicioso, ´De Cero a Siempre´, para darles atención integral a los niños entre los cero y los cinco años.

La paz se construye eliminando la discriminación. Por eso el Congreso de la República nos aprobó una Ley que penaliza, uno de los pocos países del mundo, la discriminación.

La paz se construye cuidando los más vulnerables, a los discapacitados. Por eso también tenemos una ley que es muy simbólica, pero que también tiene un gran efecto, una obligación para el Estado de cuidar a los discapacitados.

En la discriminación, en primer lugar para que dejen de ser discriminadas, están las mujeres.

Aprobamos unos documentos en el gobierno y una ley que por primera vez le da recursos y de qué forma al Estado para adelantar una política, para reivindicar y eliminar en todos los estamentos cualquier tipo de discriminación contra la mujer.

Y nuevamente quiero rendirles homenaje a esas mujeres víctimas que han sufrido tanto en este conflicto, que están aquí presentes, que han hecho una labor maravillosa.

Mujeres como Mayerly Angarita (representante de las víctimas) que hablan con coraje, con claridad, que hablan pidiendo que se les respeten sus derechos y eso es lo que todos queremos.

La paz se construye haciendo esfuerzos para darle vivienda a los más pobres de los pobres. Por eso iniciamos el programa de las 100 mil viviendas que estamos cumpliendo.

Ayer en Soledad, entregamos 850 viviendas a desplazados por la violencia que nunca en su vida habían soñado con tener una casa propia. Y así lo haremos con más de 100 mil familias.

Reconocimiento a las víctimas

La paz se construye llevándole agua a quienes nunca habían tenido agua, como lo acabamos de hacer en Carmen de Bolívar, la gente todavía no cree.

Me decían: ´Presidente embuste, no hay agua porque se han robado el acueducto durante seis meses´.

Por eso estamos haciendo un gran esfuerzo para llevarle a más de dos millones y medio de colombianos, por primera vez, agua.

La paz se construye llevando gas a los hogares que están acostumbrados a cocinar con leña. Y ya llevamos más de un millón de hogares que hemos conectado al gas.

Pero la paz se construye, sobre todo, atendiendo, reconociendo y cuidando a quienes han sido víctimas del conflicto. Y por eso estamos aquí.

Esta marcha es una marcha con las víctimas y por las víctimas. Porque han sido las que han, verdaderamente, sufrido después de 50 años de conflicto.

Y este gobierno se atrevió a dar un paso que ningún gobierno se había atrevido a dar.

Medio siglo de conflicto, al comienzo las víctimas eran totalmente ignoradas, no existían; luego durante mucho tiempo las escuchaban pero no las atendían. Y en ese propósito de construir un país en paz, desde el primer día también identifiqué como prioridad en esa nave que nos va a llevar a ese puerto de destino a las víctimas como prioridad.

Y por eso se aprobó en el Congreso de la República la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, donde estuvo presente, como ustedes recuerdan ni más ni menos que el Secretario General de las Naciones Unidas (Ban Ki- Moon), diciéndole a Colombia: ´esto es un ejemplo para el resto del mundo´; porque éramos el primer país que comenzaba a reparar sus víctimas todavía en medio del conflicto.

Y hemos venido haciendo un gran esfuerzo. Llevamos más de 160 mil víctimas reparadas. Pero sabemos también que el camino por recorrer es muy largo, es inmenso. Y serán muchos los años que les tenemos que dedicar a las víctimas para poderles devolver en algo lo que la violencia les ha quitado.

Estas víctimas a las que les acabo de entregar los títulos de las tierras que les quitó la violencia es apenas una partecita de lo que les debe la sociedad.

A muchos de ellos les pregunté, ¿cuántos familiares han perdido en este conflicto? Varios de ellos me dijeron: ´yo perdí tres hijos´, ´yo perdí dos hijos´. ¿Cuánto vale un hijo? No tiene precio.

Por eso, cualquier cosa que hagamos por nuestras víctimas es poco, es poco. Pero lo que las víctimas quieren es reconocimiento.

Y por eso aprobamos esa ley, y por eso estamos empeñados en la medida de nuestras capacidades, con la ayuda de todos ustedes, ir reparando las víctimas porque eso es ir sanando las heridas para poder construir esa paz.

Las víctimas tienen que ser el núcleo de la solución del conflicto. Las víctimas tienen derecho a que les digan la verdad. Las víctimas tienen derecho a que haya justicia. Las víctimas tienen derecho a que las reparen.

Por eso allá en La Habana, y aquí están los negociadores, ellos saben perfectamente que las víctimas están reclamando unos derechos que se les va a respetar en la mesa de negociación, y así se lo hemos dicho a las Farc: ´tienen que reconocer a las víctimas como núcleo en esta negociación´.

El esfuerzo es enorme en esta reparación de víctimas y restitución de tierras. Ya está funcionando el engranaje judicial, nos tocó capacitar a jueces agrarios, repartirlos por todo el país.

Tenemos más de 42 mil solicitudes para restitución de tierras, y aquí en Montes de Maria más de 4.400 solicitudes que tiene unos términos y que se van a ir restituyendo, y no solamente restituyendo, sino ayudando con proyectos productivos, con crédito, con las ayudas que pueda dar el Estado para que aquellos que quieran retornar puedan volver a tener una vida digna, un ingreso digno.

Estamos a punto de fallar 1.500 casos, sentencias, de los cuales 300 son aquí en los Montes de María.

En ese empeño no vamos a bajar la guardia. Les he dicho a los funcionarios y le he pedido a los jueces, pongan el acelerador porque esto es una parte fundamental de ese propósito de llegar a ese puerto de destino.

La paz se puede construir, la paz puede llegar, pero también se requiere que la contraparte entienda y que expresen su voluntad y que juegue limpio. Que si hay voluntad esta paz llegará más pronto que tarde.

“Proceso difícil”

Desde el primer día así como nos propusimos a atender a las víctimas, reconocerlas, ayudarlas, también me propuse desde el primer día establecer un diálogo con las Farc.

Ellos están muy preocupados siempre diciendo, el que tomó el primer paso fue el presidente Santos y yo les digo sí. Y es que a mí no me da miedo decirle al pueblo colombiano que yo tomé ese primer paso para iniciar el diálogo con las Farc, porque estoy buscando la paz y la paz se consigue dialogando.

Lo hice a sabiendas de que era un proceso difícil, lo hice a sabiendas que la paz tiene muchos enemigos pero sin embargo me hice una reflexión: cómo me juzgaría la historia si teniendo unas condiciones como las que tenemos hoy para hacer la paz no hubiera dado ese paso, no hubiera asumido ese riesgo.

Por eso tomé esa decisión y desde el principio –óigase bien- desde el principio hemos establecido unas reglas claras, hemos jugado limpio.

Yo les dije a las Farc: ‘no habrá ningún cese al fuego hasta que lleguemos a los acuerdos’. Les dije desde el principio. ¿Por qué? Porque el cese al fuego lo único que hace es prolongar el conflicto y yo lo que quiero es acabar con el conflicto.

Y les dije, les dije que no habría ningún tipo de concesión en lo judicial, ni siquiera en las manifestaciones que hagamos hasta que lleguemos a los acuerdos y que teníamos que hacer un acuerdo sobre los puntos que debemos acordar para que cese el conflicto. Y ellos dijeron que estaban de acuerdo.

Y llegamos a unos puntos que los hicimos públicos, los conoce el pueblo colombiano y el mundo. Están escritos. Esos son los puntos que acordamos con las Farc, que eran los puntos sobre los cuales teníamos que ponernos de acuerdo para que finalizara este conflicto.

Y desde aquí, desde los Montes de María, yo les digo: ¡Cumplan con su palabra! Negocien sobre esos puntos, jueguen limpio, no comiencen a pedir lo imposible, no comiencen a pedir cosas que nadie les va a conceder, cosas que no están en los acuerdos.

Por eso he dicho en estos últimos días. Allá vimos que de pronto no entregan las armas. Uno de los puntos precisamente es que entreguen las armas porque si no para qué estamos conversando.

Lo que queremos es que entreguen las armas y sigan combatiendo pero con los argumentos, que cambien las balas por los votos y ahí, en el escenario democrático les daremos todas las garantías, todos los espacios, ahí podrán hacer sus propuestas. Y si el pueblo colombiano los acoge bienvenidos sean pero dentro de los canales democráticos haciendo política sin armas, de eso se trata este proceso.

Que si quieren refundar el Estado, cambiar el Congreso, elegir al Defensor del Pueblo pues que lo propongan en los escenarios democráticos cuando hayan entregado las armas, pero eso no lo vamos a discutir en las mesas de negociación en La Habana, porque queremos respetar lo que se ha venido firmando, lo que se ha venido acordando porque esa es la forma de llegar al final de este conflicto.

Y se lo decimos desde un sitio muy simbólico porque si ha habido una región del país que ha sufrido la violencia ha sido esta región, los Montes de María.

Ahí oímos a varias de las víctimas. Yo me acuerdo, vine aquí a Carmen de Bolívar el 24 de octubre del año 2007, acabábamos de dar de baja a Martín Caballero (Gustavo Rueda Díaz) y ahí comenzó un proceso para desarticular el Frente 35 y el Frente 37 de las Farc.

Aquí en los Montes de María se han producido las masacres más espantosas por parte de los paramilitares, más de 50 masacres se han cometido aquí en Los Montes de María. Por eso es tan importante que desde aquí, en frente de las víctimas de esta violencia sin sentido podamos enviar un mensaje: que queremos la paz y para lograr esa paz hay que jugar limpio, y para lograr esa paz hay que mostrar voluntad.

El Gobierno ha jugado limpio, el Gobierno está mostrando voluntad y la seguirá mostrando porque este país está reclamando, está exigiendo que terminemos el conflicto. Lo escucho a lo largo y ancho del territorio.

Pero también el pueblo colombiano me dice: ‘queremos la paz pero no a cualquier precio’.

La paz tiene que ir acompañada del respeto a los derechos de las víctimas y así será; por eso incluimos dentro de los cinco puntos de la agenda el tema de las víctimas.

Deuda con el campo

Y la paz vendrá también cuando cumplamos otro sueño dentro de esa nave que va navegando a ese puerto de destino, cuando le paguemos la inmensa deuda que tenemos con el campo colombiano.

Por eso aceptamos que ese punto estuviera en la agenda y ahí hemos llegado a unos acuerdos.

Nuestro modelo de desarrollo agrario es un modelo audaz, es un modelo progresista, es un modelo incluyente. Aquí no nos vamos a dejar influir por quienes quieren excluir, queremos que los campesinos recobren su dignidad, tengan un ingreso suficiente y generen prosperidad.

También queremos que los empresarios, los empresarios del campo, inviertan cada vez más. En nuestro modelo todos caben. Empresarios y campesinos se complementan, se ayudan como sucede en varios sitios, aquí en los Montes de María varias iniciativas que ya están funcionando.

Por eso quiero también enviar un mensaje: vamos a hacer una reforma rural integral que nos permita a los colombianos aprovechar esa coyuntura internacional como nunca antes. El mundo está pidiendo cada vez más alimentos y de los pocos países que tienen capacidad de producir más alimentos es Colombia.

Esa oportunidad la vamos a aprovechar pero todos juntos. Los empresarios podrán estar tranquilos que les vamos a quitar las tierras pero solamente a aquellos que han cometido delitos, aquellos que se han hecho a las tierras de forma indebida.

Los empresarios honestos no tienen por qué temer nada, tenemos que darle garantías, garantías a los inversionistas, porque son un complemento indispensable en este modelo de desarrollo agrario que queremos para que todos los campesinos también puedan tener su pedazo de tierra y su pedazo de tierra productiva.

Por fortuna, ¡Dios es grande! Tenemos nosotros suficiente tierra, aquí cabemos todos y todos unidos tenemos que trabajar para desarrollar el campo y ¿por qué tenemos que concentrarnos en el campo? Porque ahí está la pobreza y ahí está concentrada la desigualdad.

En la medida en que impulsemos el campo, en que generemos prosperidad para el campo vamos a mejorar mucho más todos nuestros indicadores sociales de pobreza y de desigualdad.

Por eso el compromiso con las víctimas viene de la mano de nuestro compromiso con el campo y eso es lo que estamos haciendo y seguiremos avanzando ¡Óigase bien!, con o sin Farc.

Les hemos dicho a las Farc: ‘únanse al tren, les damos esta oportunidad, hagan política a las buenas, sin armas! Y eso es lo que estamos buscando allá en La Habana.

Los negociadores aquí presentes saben perfectamente qué es lo que queremos, saben perfectamente y escuchan hasta dónde está dispuesto a llegar el pueblo colombiano porque además –lo he dicho varias veces y aquí lo repito- los acuerdos que se hagan con las Farc serán sometidos para que ustedes decidan sí o no porque es el pueblo el que en últimas va a decidir si hay o no hay paz y ese es el procedimiento que estamos siguiendo.

Por eso es tan importante que el paquete que salga de La Habana, sea un paquete que el pueblo colombiano diga: ‘me gusta, voto por él para que haya paz’.

Y aquí las víctimas también van a tener que poner su granito de arena porque entendemos perfectamente que las víctimas quieran justicia. A qué padre o a qué madre se le va a exigir que se olvide de la muerte de un hijo o una hija.

Con razón cuando uno le pregunta a las víctimas: ‘¿qué es lo que más quieren?’ Le dicen a uno: ‘justicia’. Y habrá justicia pero también hay que entender que las futuras víctimas le dicen a uno: queremos también paz.

Y dónde, dónde traza uno esa línea, esa raya entre justicia y paz. Por eso también hay que sacrificar algo de justicia y ahí la comprensión de las víctimas también va a ser importante, la pedagogía que se haga también va a ser importante, el derecho a la verdad, eso es fundamental.

Mucha gente dice: ‘lo único que me importa es que me digan qué pasó’.

Hablaba yo con el exPresidente de Suráfica que negoció la paz, con Nelson Mandela, y hablaba yo con muchos dirigentes que han venido negociando acuerdos de paz, todos me dicen: ‘póngale mucha atención a la verdad’.

El Presidente de Alemania (Joachim Gauck) que estuvo aquí hace un par de semanas, que fue torturado, era de Alemania del Este, me dijo: ‘la verdad libera, la verdad limpia, la verdad nos ayuda a olvidar, nos ayuda a perdonar’.

Por eso también necesitamos que en esa negociación la verdad sea un punto fundamental, no importa de dónde venga pero el pueblo colombiano –y sobre todo las víctimas- tienen todo el derecho a conocer la verdad ¿qué fue lo que pasó?

Para liberarnos, para ayudarnos a perdonar, para reconciliarnos; que es lo que yo quiero para este país.

De manera que queridos montemarianos, yo he venido aquí muchas veces, muchas veces he visto que aquí hay miedo y con razón, como he venido de muchas regiones del país y yo lo que quiero, en lo que estoy empeñado, es en ir eliminando ese miedo, ese obstáculo para que este país maravilloso pueda progresar.

Estamos siendo señalados por el mundo entero como un país en progreso, como una estrella fulgurante pero tenemos todavía esa ‘vaca muerta’ como obstáculo que se llama: el conflicto armado.

Y por eso tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para hacerla a un lado y poder progresar más y poder llevar más justicia social a los campos y generar más empleo y poder construir más casas, más acueducto, más alcantarillados, mejorar la educación.

Si lo que hemos logrado, lo hemos hecho en medio del conflicto imagínense ustedes lo que podríamos hacer sin el conflicto.

Por eso no les quepa la menor duda que este Gobierno tiene toda la intención de llegar a esa paz, pero al mismo tiempo le reclamamos a la contraparte que respete los acuerdos, que el pueblo colombiano hoy quiere la paz.

Pero cuando uno les pregunta: ¿usted cree en las Farc? Ellos dicen que no.

Y por qué dicen que no: porque nos han engañado demasiadas veces. Que esta no sea otra, que la paciencia del pueblo colombiano no es ilimitada.

Sigamos empeñados en seguir con los acuerdos, respetando la palabra, respetando lo que firmamos y si hay voluntad, tengan la seguridad amigos montemarianos, que la paz llegará a Colombia. Ese es mi propósito, ese es mi compromiso.

Y por eso quiero terminar estas palabras con una canción que dice: “Carmen querido, tierra de amores hay luz y ensueños bajo tu cielo, y primavera siempre en tu suelo bajo tus soles llenos de ardores”.

¡Que Dios los bendiga y muchas gracias!

 
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