Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Este es el sitio de la Presidencia 2010 - 2014 - última actualización 7 de agosto de 2014
Presidencia de la República de Colombia
CO Colombia
Skip Navigation LinksPresidencia > Sala de Prensa > 2013 > Julio > Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación de la Legislatura del Congreso de la República 2013-2014

Sistema Informativo del Gobierno

SIG

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación de la Legislatura del Congreso de la República 2013-2014

Bogotá, 20 jul (SIG). Nuestro país vive hoy –203 años después de nuestro Grito de Independencia– un momento crucial, un punto de inflexión en el que decidimos nuestro destino no sólo en los próximos años sino en muchas generaciones.

¿Vamos a insertarnos como un país moderno en el mapa del siglo XXI?

¿Estamos respondiendo al llamado de millones de colombianos en la pobreza?

¿Podemos superar un conflicto que ha sembrado dolor y frenado nuestro desarrollo por medio siglo?

Hoy –más que a hacer un recuento de lo logrado en los primeros tres años de trabajo, que ha sido mucho– vengo ante ustedes a hacer un llamado de atención sobre los retos que debemos asumir de aquí en adelante.

Hoy los invito –e invito a los colombianos– a que imaginemos un país libre del miedo, a que imaginemos un país sin límites.

Ese país ya es posible, ya está comenzando a surgir, y podemos tenerlo –no sólo imaginarlo– si NO nos desviamos de la senda que venimos transitando.

Hoy quiero hablarles de esos desafíos y de cómo los enfrentamos. Quiero hablarles de mi VISIÓN para Colombia. Y hablarles de ese país que estamos construyendo con la PAZ.

Porque la PAZ es el bien supremo de la humanidad.

Sin paz no hay prosperidad posible, no hay tranquilidad posible, no hay pueblo que progrese.

A buscar la paz, a construir la paz, hemos dedicado nuestro gobierno. Porque no hay nada que pueda ser más importante.

Lo hacemos, por supuesto, a través de las conversaciones que adelantamos en La Habana.

¡Cómo será de distinta Colombia sin el conflicto, sin ese obstáculo atravesado en el camino de nuestros sueños!

Pero cuando digo que buscamos LA PAZ, hablo de la paz en una concepción MUCHO MÁS AMPLIA que el solo fin del conflicto.

Hay mucho más en juego cuando se trata de construir una nueva Colombia.

Nadie en este país, por debajo de 70 años, sabe lo que es vivir libre del miedo y sin violencia.

Hoy tenemos una real oportunidad para recuperar la normalidad; para liberarnos del yugo de la guerra y de la pobreza, que están íntimamente relacionadas.

La paz no es solo el silencio de los fusiles. Es el logro de una mayor seguridad y prosperidad para cada familia colombiana.

Una política amplia e integral de paz va mucho más allá de las negociaciones con la guerrilla, y así debemos entenderlo.

Hablo de la paz como respeto a la vida. La paz como bienestar de los colombianos. La paz como oportunidades para todos. La paz como la realización de un país donde todos cabemos, donde todos podemos aportar y donde todos podemos perseguir la felicidad.

La PAZ –y la PROSPERIDAD que se desprende de ella– es el norte, es la visión de un gobierno que hoy quiere decir a los colombianos que se acabó el tiempo de temer. Que terminaron las décadas en que nuestras decisiones y nuestras metas fueron dictadas por el miedo.

Ha llegado el momento de pasar la página y de enfrentar el futuro con una nueva perspectiva: la de 47 millones de personas de bien que trabajan con alegría, con entusiasmo, para tener un país JUSTO, un país MODERNO y un país SEGURO.

Y hay una palabra mágica para lograrlo, un concepto que ya nos ha demostrado lo lejos que podemos llegar cuando nos ponemos de acuerdo: la UNIDAD.

Con unidad, señores congresistas, altos funcionarios del Estado, hemos dado grandes pasos en solo tres años y podemos decir, con orgullo, que estamos transformando a nuestro país.

Hoy quiero agradecerles de corazón porque es gracias a su aporte, a su contribución a la Unidad Nacional, que hemos logrado realizar las reformas que están generando esta nueva Colombia.

Eso es paz, la verdadera paz. Esa es la ruta que hemos señalado para nuestra patria: la ruta de una paz-prosperidad, de una paz-equidad, de una paz-tranquilidad.

UN PAÍS SEGURO

Los romanos, cuando se inventaron la república, decían algo muy cierto: que la seguridad tiene que ser la primera ley de la república, porque sin ella nada más es posible.

Somos conscientes de esto, y por eso desde el primer día de gobierno hemos mantenido y redoblado la ofensiva contra los violentos, los terroristas y los delincuentes en todo el territorio.

Hoy los grupos armados ilegales tienen el menor número de integrantes desde cuando se lleva este conteo; cayeron los números 1 y 2 de las FARC, y –óigase bien– otros 50 comandantes subversivos de primer nivel. Y también han caído todos los cabecillas de las bandas criminales, sin excepción.

Estos logros los debemos al compromiso, la motivación y el profesionalismo de nuestros soldados y policías, que merecen toda la gratitud de la nación.

Acabamos de presenciar el tradicional desfile militar del 20 de julio.

Las Fuerzas Armadas que marcharon son las más poderosas, las mejor equipadas y entrenadas de toda nuestra historia, las que más resultados han producido, y eso se debe también a las leyes y presupuestos que ustedes han aprobado.

Sea el momento para agradecer al Congreso la importante reforma al fuero militar y la ley estatutaria que la reglamenta.

Esta reforma, al tiempo que respeta las normas y principios de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, les da seguridad jurídica a los hombres y mujeres de nuestra fuerza pública, que todos los días arriesgan su vida por nosotros.

Cada vez que asisto a una ceremonia militar como la de esta mañana, veo y siento la emoción de todos los padres y las familias al ver desfilar a sus hijos.

Ahora los comprendo mejor que nunca, pues hoy es la primera vez en la historia del país en que un presidente de la república ve desfilar a su hijo el día de la independencia portando el sagrado uniforme de la Patria.

¡Qué orgullo poder llamarlo el soldado Esteban Santos!

Sí, estoy muy agradecido por mi hijo soldado, pero el aplauso, señoras y señores, no es para él.

El aplauso –y debería oírse en todos los rincones de nuestro territorio– es para los más de 400 mil militares y policías que luchan por nosotros; por la libertad y por la democracia.

¡Honor y gloria para ellos!

Gracias a ellos obtuvimos otro gran resultado: ya no somos el primer productor de cocaína ni de hoja de coca –no más el año pasado los cultivos cayeron en un 25 por ciento–, y los grandes carteles con sus grandes capos dejaron de existir.

El país cuenta –por primera vez– con una Política de Convivencia y Seguridad Ciudadana, y está a consideración del Congreso el nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia.

Hoy tenemos los menores índices de homicidio y de secuestro de las últimas décadas, pero sabemos –somos muy conscientes; yo soy el primero en reconocerlo– que tenemos que apretar mucho, muchísimo más.

Todos los días estamos afinando las estrategias y las tácticas, presidiendo consejos de seguridad a lo largo y ancho del país, tomando medidas precisas y eficaces, y seguiré en esa tarea hasta el último día de mi gobierno.

Pero lo cierto es que no estamos satisfechos –no podemos estarlo– con los resultados frente a delitos como la extorsión y el crimen callejero.

No basta con que las estadísticas mejoren.

Detrás de esto hay seres humanos, colombianos que aún no se sienten tranquilos en su vida diaria, tenderos que pagan vacunas a mafiosos de barrio o a extorsionistas desde las cárceles, estudiantes que temen sacar su celular en un bus, personas que no se atreven a tomar un taxi por miedo a ser víctimas de un paseo millonario.

Señor ministro de Defensa, señor director general de la Policía, señores gobernadores y alcaldes: ¡TENEMOS QUE SER MUCHO MÁS EFICACES!

Y tenemos que seguir tomando medidas que se traduzcan en tranquilidad efectiva para los colombianos.

A los 10 mil policías nuevos que ya incorporamos vamos a sumar 15 mil más en los próximos diez meses, totalmente equipados y concentrados en las zonas de mayor incidencia de delitos.

Ordené la intervención y desmantelamiento de 25 "ollas" –verdaderas fábricas del crimen– en 20 ciudades, que ya se cumplió, y ahora se están desmantelando 25 más.

Estamos situando oficinas del Gaula en los lugares donde más ocurre la microextorsión, y fortaleciendo los mecanismos de denuncia y recompensas contra este delito.

Incrementamos los operativos contra la minería criminal, que se ha vuelto la fuente principal de financiamiento de los grupos ilegales.

¡Y que quede claro! Toda nuestra contundencia es contra los mineros al servicio de esos grupos criminales, no contra los mineros artesanales o tradicionales, a los que, por el contrario, buscamos formalizar y apoyar.

Los mandatarios locales, la Policía, la Fiscalía, seguirán contando con todo el respaldo del Gobierno nacional. Con adecuada coordinación deben ser cada vez más efectivos en su lucha contra el crimen en todos los municipios del país.

Porque aquí nadie ha bajado ni va a bajar la guardia.

No vamos a descansar hasta que todos los ciudadanos puedan caminar tranquilos por las calles y plazas, hasta que todos los niños jueguen seguros en los parques, hasta que dejemos de sentir miedo por sacar un celular del bolsillo.

UN PAÍS MODERNO

Ese país seguro por el que trabajamos es la base para la construcción de un país moderno y justo, un país con una economía que crece, que crea empleos de calidad y que beneficia sobre todo a los más vulnerables.

El momento por el que pasa la economía colombiana –en medio de la turbulencia internacional– es positivo.

Nuestra economía ha crecido por encima del promedio regional y mundial, y esperamos que este año también lo haga a un nivel superior al año pasado.

Pasamos de tener déficit fiscal considerable –es decir de gastar por encima de nuestros ingresos, algo que no es saludable ni para un país ni para una familia– a tener superávit el año pasado, el mejor comportamiento en por lo menos medio siglo.

Hoy podemos destinar más recursos a transformar nuestro país, al bienestar y la calidad de vida de los colombianos.

La inflación, que es el "impuesto" que más afecta a los pobres, porque se come sus ingresos, es la más baja en 60 años.

Y en cuanto al empleo, yo les pregunto qué otro país puede decir –como Colombia– que durante 3 años ha reducido mes tras mes el desempleo, sin excepción, y que ha creado más puestos de trabajo que cualquier otro país del hemisferio.

¡Más de 2 millones 300 mil empleos creados! Hagan de cuenta como si toda la población de Cali encontrara ocupación. Así de grande es lo que se ha logrado.

La seriedad de nuestras políticas ha sido reconocida por las calificadoras internacionales de riesgo, y por los inversionistas del mundo entero.

Pero no es suficiente. Hay mucho por hacer.

Por ejemplo, no todos los sectores de la economía crecen al mismo ritmo y el año pasado los que menos crecieron fueron la industria y el agro.

Por eso hoy quiero ser muy claro en lo siguiente: desde cuando fui el primer ministro de Comercio Exterior del país, hace más de dos décadas, nos fijamos una hoja de ruta para internacionalizar la economía.

Con la firma hace dos días de la ley que aprueba el acuerdo comercial con la Unión Europea podemos decir que estamos llegando al final de esa hoja de ruta pues vamos a alcanzar el próximo año un mercado potencial de más de 1.400 millones de consumidores con acceso preferencial a nuestros productos.

Los frutos empiezan a verse. Más empresas y productos colombianos están llegando a los mercados internacionales.

Nos falta el tratado con Japón, pero lo cierto es que ahora debemos enfocarnos más en potenciar la competitividad de nuestra industria y nuestro agro, para seguir creando empleo.

Le he dicho al ministro Díazgranados que, en adelante, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo debe ser ahora más un ministerio de industria que de comercio.

Nos abrimos al exterior y ahora debemos volver a mirarnos el ombligo. Debemos enfocarnos, con el mismo éxito y el mismo entusiasmo, en tener una producción eficaz y competitiva, con alto valor agregado, que haga atractivos nuestros productos y servicios en el mundo.

Pensando en eso –en potenciar nuestra industria y nuestro agro– diseñamos el Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo para esos sectores, con una inversión de más de 5 billones de pesos que, gracias a la Ley de Traslados Presupuestales que ustedes aprobaron, no más este año será de 1,1 billones de pesos.

La industria ha tenido un primer semestre bastante pobre, pero debe repuntar en la segunda mitad del año. El propio presidente de los industriales ha destacado un positivo cambio de tendencia.

Nuestro reto es darle las condiciones necesarias para competir.

Por eso estamos trabajando por una tasa de cambio más competitiva.

Por eso estamos embarcados en el más ambicioso plan de infraestructura que haya visto el país, por eso hemos reducido los costos de la energía y estamos poniendo el SENA al servicio de las empresas.

Por eso –y este es un tema muy importante– hemos hecho de la lucha contra el contrabando en una prioridad.

Hemos convertido a los contrabandistas en objetivos de alto valor –tan dañinos como los terroristas y los corruptos– y vamos a presentar al Congreso un proyecto de Ley de Contrabando que espero apoyen con decisión.

Algunos solo ven las empresas que se cierran. ¡Claro que nos preocupan! Hay retos en sectores como autopartes, confecciones, acero, que afrontamos con líneas de crédito especiales, con protección arancelaria, con salvaguardas comerciales.

Pero también vemos todos los días nuevas empresas que se crean o expansiones de las ya existentes. La semana pasada no más, vimos a una empresa que apostó por producir –no ensamblar– los primeros vehículos ciento por ciento colombianos.

Esa es la industria competitiva que queremos promover y que está dando una nueva dinámica a nuestra economía.

En cuanto al agro, es bueno poder decir que, después de dos años de crecimiento negativo en 2009 y 2010, ha vuelto a crecer en 2011 y 2012, alcanzando el mayor crecimiento en 5 años.

El año pasado se entregaron –como nunca antes– 6,5 billones de pesos en crédito agropecuario, y estamos apoyando con decisión y recursos los sectores más sensibles de nuestro agro.

Al cacao, a la papa, al algodón, al arroz, al maíz al sector lechero, a otros productos, los estamos apoyando con cuantiosos recursos extraordinarios, para mejorar su competitividad.

Y al café, nuestro producto insignia, le hemos destinado, en lo que llevamos del gobierno, 1,6 billones de pesos –900 mil millones no más al Programa de apoyo al Ingreso Cafetero–, y estamos subsanando cualquier demora en los pagos a los cafeteros.

Nunca nadie se había imaginado una ayuda de esa magnitud.

Por eso resulta absurda cualquier convocatoria a un paro cafetero o un paro agrario, que solo puede hacer daño a los mismos agricultores y a todo el país.

Yo creo en la democracia, yo creo en el derecho a la protesta, pero NO vamos a consentir bloqueos ni vías de hecho, que buscan imponer y no negociar.

Ustedes, señores congresistas, saben mejor que nadie que detrás de estos paros a menudo se esconden candidaturas políticas, cuando no oscuros intereses de grupos ilegales.

Cualquier reclamo que exista, tenemos toda la disposición para examinarlo y solucionarlo en la medida de nuestras posibilidades.

Yo mismo me he reunido estas semanas con representantes de los gremios económicos y de los subsectores agrícolas, y hemos escuchado y analizado sus inquietudes.

¡Pero que nadie se equivoque! Quiero ser aquí muy claro sobre la situación del bloqueo en el Catatumbo, el llamado paro minero, y otras protestas que se han anunciado.

Somos un gobierno amigo del diálogo y respetuoso de la protesta, pero ni en el agro, ni en la minería, ni en las regiones, vamos a permitir que las vías de hecho sustituyan el diálogo, ni que los bloqueos vulneren los derechos de la inmensa mayoría.

No me importa que se levanten ampollas. Nuestra obligación es proteger la vida, la tranquilidad y la movilidad de los colombianos, por encima de cualquier otra cosa, y lo estamos haciendo con una fuerza pública respetuosa de los derechos humanos, pero contundente en la aplicación de la ley.

Esa ha sido mi orden, y la vamos a mantener: ¡Diálogo sí, pero no con bloqueos!

¡No vamos a poner en juego la autoridad del Estado ni la seguridad de los colombianos!

Ahora bien, para que haya inversión en el campo debemos fijar reglas claras y a eso le apuntamos con los proyectos de ley y los documentos de política que vamos a presentar sobre el modelo agrario, la adjudicación de baldíos e incentivos al desarrollo rural.

Lo que queremos es fortalecer las inversiones en el agro y la economía campesina, no poner en peligro el derecho de propiedad.

Es decir, buscamos darle confianza a la inversión en el campo en todos los niveles.

Será el Congreso, en su sabiduría, quien dirima el debate entre quienes quieren limitar la propiedad agraria y quienes quieren estimular esquemas asociativos funcionales entre empresarios y campesinos, como el que implementó Brasil en tiempos del presidente Lula, que ha dado tan buenos resultados.

Yo estoy convencido de que en nuestro campo caben y pueden convivir la agroindustria con la economía campesina.

Pero de nada nos sirve que la industria y el campo produzcan si no tenemos una infraestructura de transporte adecuada que permita que esos productos lleguen a los mercados y los puertos.

Para eso pusimos en marcha la gran revolución de la infraestructura.

Nos propusimos ponernos al día en nuestras carreteras y vías, y vamos a lograrlo: al final del 2014 habremos adjudicado más obras y concesiones que en los últimos 20 años sumados.

Con inversiones sin precedentes, de 2,2 billones de pesos, estamos manteniendo más de 23 mil kilómetros de vías terciarias, esas carreteras pequeñas por las que nuestros campesinos sacan a vender sus productos.

En cuanto a dobles calzadas, en los dos años pasados construimos 400 kilómetros y este año vamos a entregar 300 kilómetros más, un ritmo de construcción que ni siquiera alcanzó España cuando construyó sus grandes autopistas.

Dedicamos tiempo y esfuerzo a planificar y estructurar bien las grandes obras que necesitamos, para no repetir los errores del pasado, y –gracias a esto– hemos puesto en marcha el más grande proceso de concesiones, con una inversión de 47 billones de pesos en los próximos 5 años.

Entre este año y el próximo quedarán adjudicadas 40 grandes concesiones –el doble de las que existen hoy–, gracias a las cuales la Colombia del 2019, cuando celebremos el bicentenario de la batalla que nos dio la libertad, tendrá las más modernas y mejores vías de nuestra historia.

Son verdaderas mega-obras cuyos resultados se verán en los próximos años: las obras de un gobierno responsable y que piensa en grande.

Pero estoy de acuerdo con la inconformidad de los colombianos.

Las obras se demoran mucho, subsisten muchas trabas y es urgente acelerar la ejecución de las autopistas y vías que requiere el país.

Por eso, señores congresistas, necesitamos sacar adelante cuanto antes el proyecto de Ley de Infraestructura.

De nuestra parte –aunque hemos avanzado– tenemos que ser mucho más eficientes en el tema de las licencias ambientales y las consultas previas, que se han vuelto las dos grandes dificultades para el desarrollo de los proyectos.

Vamos a convocar en los próximos días el Consejo de Política Económica y Social para priorizar los proyectos estratégicos y establecer mecanismos que agilicen sus trámites ambientales y de consulta.

UN PAÍS JUSTO

Así que, señoras y señores, tenemos retos, ¡lo que tenemos es tarea!, y hoy los convoco a que me acompañen a realizarla en este año que nos queda.

Y así como reconocemos esto, démonos también la oportunidad de reconocer lo que hemos logrado unidos.

Yo soy optimista. Colombia puede ser optimista, porque estamos construyendo un país, no sólo seguro y moderno, sino fundamentalmente JUSTO, un país donde cada colombiano encuentre oportunidades para él y su familia.

Soy optimista porque más de 7 millones de jóvenes se capacitan cada año en el SENA, una entidad que estamos fortaleciendo.

Soy optimista porque, con el ritmo que vamos, el próximo año la mitad de los hogares del país tendrá conexión a la banda ancha de internet, y todos los municipios tendrán red de fibra óptica.

Soy optimista porque ya comenzamos la reparación de cientos de miles de víctimas que dejó el conflicto armado y la restitución de tierras a los campesinos despojados.

Soy optimista porque somos –junto con Perú– los países que más personas hemos trasladado de la pobreza a la clase media en la región. Ya prácticamente cumplimos la meta que nos habíamos fijado para el cuatrienio.

Soy optimista porque rompimos, por primera vez, la tendencia perversa de la desigualdad en la que la economía crecía pero este crecimiento beneficiaba más a los ricos que a los pobres.

Hoy es al contrario, y mejoran más los ingresos de los que menos tienen. Ya no somos el segundo país más desigual de la región.

Soy optimista porque Más Familias en Acción tiene la mayor cobertura de su historia, llegando a 2 millones 800 mil familias.

Soy optimista porque estamos entregando 100 mil casas totalmente gratis a familias que jamás habían soñado con un techo propio, y 100 mil viviendas rurales nuevas o mejoradas a nuestros campesinos.

Dentro del millón de viviendas que vamos a construir, habrá otras 100 mil, con un importante subsidio, para aquellos que ganan entre uno y dos salarios mínimos.

Soy optimista porque estamos cumpliendo la meta y vamos a llegar el año entrante a 1 millón 200 mil niños menores de 5 años con atención integral, gracias a la estrategia De Cero a Siempre.

Soy optimista porque logramos que casi 9 millones de niños y jóvenes en todo el país estudien, del grado cero al once, sin que sus familias tengan que pagar un solo peso, y porque estamos mejorando la calidad de la educación primaria en matemáticas y lenguaje de 2 millones 400 mil niños.

Soy optimista porque creamos 300 mil cupos en educación superior y porque hoy entregamos créditos del Icetex a estudiantes de bajos recursos con interés real cero, además de apoyos para su mantenimiento.

Soy optimista porque, gracias a la reforma tributaria que ustedes aprobaron, hoy los que tienen más ingresos pagan más impuestos y los que ganan menos pagan menos o no pagan.

Hay un dato que el país no ha asimilado: 18 millones de colombianos de menos recursos que antes pagaban impuesto de renta vía retención, hoy no pagan ningún impuesto.

Soy optimista porque las regalías, que antes llegaban solo a la mitad de los municipios en 9 departamentos, hoy llegan al 99 por ciento de nuestros municipios en TODOS los departamentos del país, gracias también a una reforma aprobada por el Congreso.

Soy optimista porque hemos llevado acueducto y alcantarillado a más de 2 y medio millones de colombianos, gas natural a más de 1 millón 150 mil, y luz eléctrica a 122 mil campesinos que antes no tenían.

Soy optimista porque hemos titulado más de 2 millones de hectáreas a unas 57 mil familias campesinas, que hoy trabajan sus tierras con la certeza de su propiedad.

Hoy podemos decir que tenemos cobertura universal del sistema de salud, ampliamos el plan de beneficios y unificamos de los dos regímenes, para que no haya más pacientes de primera y de segunda clase.

Logramos una cobertura de vacunación gratuita del 95 por ciento en el país, y tomamos medidas para controlar los precios de 8.600 medicamentos.

La reforma estatutaria de la salud –que ustedes aprobaron, señores congresistas– la consagra al fin como un derecho y no como un negocio, un paso en la dirección correcta que la propia Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas destacó en su visita al país esta misma semana.

Ahora corresponde aprobar la reforma ordinaria a la salud, para mejorar definitivamente la eficiencia del sistema.

Debo reconocer que, a pesar de los avances, los colombianos estamos inconformes –yo soy el primer inconforme– con la calidad y eficiencia de la salud.

Por eso, ministro Gaviria, pongamos todo el empeño en la pronta reglamentación de la ley estatutaria, en mejorar el servicio en los hospitales, en simplificar los trámites, en controlar y sancionar a las EPS que no trabajan bien, y en estimular, por supuesto, a las que cumplen su trabajo.

¡La salud de los colombianos es un desafío que no da espera, y su solución seguirá siendo nuestra prioridad!

Apreciados congresistas y colombianos que me escuchan:

Estamos trabajando con todo el compromiso para consolidar lo logrado y para seguir avanzando, y vamos a hacerlo –con el concurso del Congreso, de los jueces, de los órganos de control, de alcaldes y gobernadores, y de toda la sociedad– hasta el último día de nuestro mandato.

Porque queremos paz y prosperidad. Porque ahora podemos pensar en grande. Y cuando se piensa en grande, se logran grandes objetivos.

Quizás nunca nos habíamos imaginado a Colombia ingresando al club de las naciones con las mejores y más avanzadas prácticas económicas y sociales del mundo.

Pues bien: nos propusimos entrar a la OCDE y en menos de dos años logramos la invitación formal. Ningún país había sido invitado en un plazo tan corto. Y no es por simpáticos, sino porque hicimos la tarea.

Hace unos pocos años no nos imaginábamos a una Colombia insertándose al Asia-Pacífico.

Hoy hemos construido –con Chile, Perú y México– la Alianza del Pacífico, que es considerada el proceso de integración más ambicioso y exitoso de América Latina, y estamos haciendo del Pacífico un polo de desarrollo para el país y su gente.

Hoy somos más relevantes que nunca en el plano internacional y tenemos buenas relaciones con todos los países.

El lunes me reuniré con el presidente Maduro de Venezuela y estoy seguro de que –al igual que lo hicimos con su antecesor– vamos a seguir consolidando una relación respetuosa y fructífera entre nuestras naciones.

También hemos puesto el pecho a la situación de San Andrés, después del fallo de La Haya.

Hemos procedido con prudencia y discreción, lo que no puede interpretarse como inacción.

Estudiamos el caso con destacados juristas nacionales y extranjeros, hemos definido un plan de acción, y vamos a continuar la defensa de los derechos del país y de los colombianos en las Cortes internacionales con los recursos que están a nuestra disposición.

Lo haremos y lo notificaremos en el momento adecuado porque en la diplomacia la forma y la oportunidad son tan importantes como el fondo.

Los colombianos pueden estar tranquilos. Nos hemos también preparado juiciosamente para enfrentar cualquier nueva demanda o acción que pueda presentar Nicaragua en su ánimo expansionista.

Seguiremos adelantando acciones diplomáticas para garantizar el respeto del derecho ambiental en la zona, en especial en la reserva Seaflower, declarada por la Unesco como reserva mundial de la biósfera.

Paralelamente, estamos desarrollando en San Andrés un programa con inversiones de 200 mil millones de pesos, y estamos trabajando con la población raizal en un viejo y justo anhelo de los sanandresanos que es el Estatuto Raizal.

Los pescadores artesanales e industriales han podido seguir realizando sus labores como siempre, con la protección y apoyo del Estado colombiano. Mi compromiso es que lo seguirán haciendo.

A mis compatriotas, y sobre todo a los sanandresanos, les digo: estamos defendiendo sus derechos con todo lo que está a nuestro alcance.

En Colombia algo estamos haciendo bien, y el mundo lo reconoce.

Hemos trazado y avanzado en la ruta hacia un país con paz y prosperidad.

Hoy somos modelo de transformación y de democracia efectiva en el mundo, y cada vez más países y personas saben que LA RESPUESTA ES COLOMBIA.

Esto es lo que logramos cuando creemos en el alcance de nuestra imaginación y nuestras capacidades.

No le tengamos miedo a pensar en un país en paz, en un país que puede llegar mucho más lejos de lo que alguna vez pensamos posible.

Nelson Mandela, ese prohombre de la paz cuya salud –a sus 95 años recién cumplidos– tiene en vilo a la humanidad, dijo algo muy inspirador: "Todo parece imposible hasta que se logra".

En Colombia vamos a lograrlo. De eso se trata nuestra apuesta por la paz. Esta es nuestra visión, por la que trabajamos y trabajaremos.

Y si hemos logrado todo esto a pesar de un conflicto que nos ha afectado por cerca de medio siglo, IMAGINEN lo que podríamos lograr si ponemos fin a ese conflicto, si eliminamos ese obstáculo de nuestro camino.

Hoy quiero reafirmar –a ustedes, senadores y representantes, y al país– que estamos ante una oportunidad real, sin duda ante la mejor oportunidad de nuestra historia de poner fin al conflicto armado.

Lo digo no porque crea en las FARC, sino porque creo en la seriedad del proceso y veo sus resultados.

El acuerdo que logramos en el tema agrario es el primer acuerdo sustantivo que se logra entre un gobierno y las FARC.

Y es un acuerdo de gran calado: si llevamos a la práctica lo que hemos llamado la Reforma Rural Integral, vamos a transformar radicalmente las condiciones de vida de los habitantes del campo, especialmente de los más necesitados y más victimizados.

Si eso es así, si nos acercamos con paso firme al fin del conflicto, entonces cada uno de nosotros se tiene que preguntar: ¿Qué voy a hacer yo para contribuir a la construcción de la paz?

Porque la paz la hacemos entre todos. Este Congreso, como escenario por excelencia de la democracia, está llamado a jugar un papel protagónico en esa tarea.

Para eso hemos construido la Unidad Nacional, para hacer las grandes transformaciones del país.

Hoy invito a todos los partidos a unirse a este gran propósito nacional: el más urgente, el más importante, el más necesario de todos.

No se dejen confundir por los cantos de sirena de los oportunistas políticos que anteponen sus ambiciones personales para desinformar sobre el proceso de paz, para oponerse a la paz.

Vamos con paso firme hacia la terminación del conflicto.

Aún falta mucho camino por recorrer. Pero vamos en la dirección correcta y yo voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que ese fin del conflicto sea una realidad.

Los colombianos pueden estar tranquilos. No estamos bajando la guardia en la parte militar. No estamos negociando el modelo político o económico del país.

La historia nos mira. NO nos perdonará si no intentamos acabar de una vez por todas con este desangre inútil.

Si no se logra, podremos tener la conciencia tranquila de que hicimos todos los esfuerzos, con seriedad y prudencia.

¡Que otros se feliciten por la guerra!

Yo, Juan Manuel Santos –con la esperanza de 47 millones de colombianos en mi corazón– ME LA JUEGO POR LA PAZ.

Queridos colombianos:

El día de mi posesión hablé de un nuevo amanecer para Colombia.

Hoy, quiero que se IMAGINEN lo que pasa cuando un país piensa y hace en grande.

IMAGINEN un país reconocido internacionalmente por su altísima calidad de capital humano, por su equidad social, y por una capacidad económica y empresarial de talla mundial.

IMAGINEN un país asumiendo un liderazgo en los temas más importantes para la humanidad como la biodiversidad, las energías limpias, la seguridad alimentaria y la innovación.

IMAGINEN un país realizando el enorme potencial de 47 millones de cerebros, de artistas, de emprendedores, y soñadores.

IMAGINEN un país donde los momentos más difíciles y dolorosos quedan en los libros de historia y dejamos de estar anclados al pasado para dedicarnos a crear el futuro.

Podemos lograrlo –no es solo imaginación– ¡y ya lo estamos logrando!

Muchas gracias, señores congresistas, por ayudarnos en este empeño, por su excelente trabajo en las tres últimas legislaturas, que deja a Colombia fortalecida frente a los desafíos que tenemos.

Nadie puede subestimar –yo no lo hago– el tamaño de los desafíos que nos quedan por delante.

Subsisten problemas de seguridad. Hay aún demasiados colombianos en la pobreza, y muchos que necesitan empleo. Hay sectores empresariales que deben reinventarse ante los retos mundiales y del país.

Pero nadie puede negar tampoco la dimensión de lo que hemos avanzado. La gran mayoría de las metas que nos habíamos fijado para el cuatrienio, las hemos cumplido ya, y ahora podemos plantearnos objetivos más ambiciosos.

Entramos a nuestro último año y no es momento de bajar la guardia, sino de aumentar el ritmo para culminar nuestras tareas.

A todos los colombianos que nos acompañan, a los partidos de la Unidad Nacional, los invito a que asumamos la defensa de la obra que hemos realizado juntos, y a que avancemos en esta legislatura en la construcción de ese país justo, moderno y seguro que todos queremos.

A los ministros y todo el equipo de gobierno les doy una sola consigna: GOBERNAR, EJECUTAR Y CUMPLIR.

Eso, y nada más que eso, es lo que esperan los colombianos de nosotros.

Si obramos unidos –UNIDOS como los pueblos que han superado las más duras adversidades– podemos hacer realidad esta visión de una PAZ integral, una PAZ ampliada, una PAZ que se convierte en PROSPERIDAD PARA TODOS.

¡Afuera el miedo! ¡Desterremos el miedo! ¡Que venga la PAZ!

Vivimos un punto de inflexión. Tenemos una oportunidad única –improbable de que se presente otra vez en nuestra historia– para lograrlo.

Hoy 20 de julio, día de Colombia, un muchacho de 23 años, un hijo del campo boyacense forjado en las veredas de Cómbita, demostró en las cumbres de Francia de lo que somos capaces los colombianos.

Aplaudamos y celebremos a Nairo Quintana, quien con esfuerzo y determinación coronó los Alpes y llegó más lejos que ningún otro latinoamericano en la carrera ciclística más importante del mundo.

¡Que Nairo nos sirva de inspiración para pensar en grande y hacer en grande!

Con optimismo, con fe en nuestro futuro, con conciencia de los retos que debemos superar, con orgullo por nuestro país y nuestras instituciones, con un infinito amor a mi patria, declaro oficialmente instalada la legislatura del Congreso de la República para el periodo 2013-2014.

Muchas gracias.

 
Bookmark and Share