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Declaración del Jefe del Equipo del Gobierno Nacional para los diálogos con las Farc, Humberto de la Calle, desde La Habana, Cuba

La Habana, Cuba, 24 ene (SIG). “Buenas tardes. Como lo dijimos antes de salir de Bogotá, el Gobierno espera que podamos avanzar con buen ritmo sobre los puntos de la Agenda del Acuerdo General.

En este ciclo hemos abordado en todos sus aspectos el tema del acceso a la tierra, dentro del marco constitucional. Ello quiere decir que no se debilitará la garantía del derecho de propiedad adquirido legítimamente, pero que también, como lo ordena la misma Constitución, debemos garantizar la obligación de facilitar el acceso progresivo de los campesinos a la tierra.

La ambición del Gobierno no se limita a llegar a unos pactos con las Farc para la terminación del conflicto. Incluye también la necesidad de llegar a acuerdos que sienten unas bases sólidas para la construcción de la paz y que de esa manera garanticemos la no repetición del conflicto y el cierre definitivo de la violencia en Colombia.

Si no estabilizamos y recuperamos para el país y para sus habitantes las vastas regiones donde el conflicto echó raíz, estamos expuestos a que éste se repita. Por eso el Gobierno estuvo de acuerdo en que el problema agrario fuera el primer punto de la agenda.

Y el comienzo de la recuperación es la ampliación del acceso a la tierra para las decenas de miles de colombianos que no la tienen o la tienen de manera insuficiente. Es a través del acceso integral – esto es el acceso con acompañamiento técnico y productivo y con presencia efectiva de las instituciones en el territorio- como las familias campesinas podrán incrementar sus ingresos, darles una mejor educación a sus hijos, y sentirse como lo que son: ciudadanos con los mismos derechos que cualquier otro colombiano, ciudadanos que participan activamente en la vida política y económica del país. El Gobierno es consciente de la necesidad de cerrar la brecha mediante la transformación del campo.

El Gobierno continuará tratando estos temas y haciendo propuestas dentro de la reserva que requiere el proceso.

Aprovecho para insistir que ningún proceso de paz en el mundo ha llegado a buen puerto si se lleva a cabo a través de los medios de comunicación. Es imprescindible mantener un mínimo de confidencialidad que permita discutir de manera franca y construir propuestas conjuntas.

Eso no es un obstáculo para la transparencia que mantendremos, dando cuenta periódica de los avances.

Por otra parte, en este ciclo nos hemos alimentado de las propuestas que nos han llegado gracias a la página web, a los foros regionales que organizó el Congreso de la República y al Foro de Política de Desarrollo Agrario Integral de Naciones Unidas y la Universidad Nacional. De este último, estamos estudiando cerca de 550 propuestas provenientes de un número similar de organizaciones sociales de todo el país y más de 1.300 ciudadanos que asistieron al evento.

Quiero volver a insistir en que el desarrollo del Foro fue un ejemplo de discusión civilizada, abierta y respetuosa como corresponde a un verdadero ejercicio de deliberación democrática en medio de un proceso de paz.

Por ejemplo, recibimos una propuesta de una organización campesina del departamento de Arauca en la cual proponen un catastro participativo. Tener información completa sobre la propiedad de la tierra, en un entorno de fin del conflicto, es sin duda una aspiración fundamental para Colombia, es una propuesta positiva. También sugieren la creación de tribunales agrarios para que los juicios de tierras den mayores garantías a los campesinos, para que sean también más eficaces las decisiones y más rápidas. Estas son Propuestas razonables que nos sirven de insumos.

Esto es lo que el Gobierno llama participación útil, efectiva; los ciudadanos, las asociaciones campesinas y los gremios deliberando, haciendo propuestas que enriquecen el debate y ayudan en la discusión.

Y aprovecho para rechazar tajantemente las afirmaciones de quienes han querido distorsionar los resultados del Foro mediante manipulaciones truculentas. Una cosa es la crítica a la política de paz, que el Gobierno respeta y hace parte del ejercicio democrático. Pero otra muy distinta es tomar algunas de las propuestas más radicales y dar por sentado que ellas comprometen a la delegación del Gobierno para crear alarma entre los ciudadanos.

Sabemos por ejemplo, que muchos ganaderos son legítimos propietarios que desean mejorar la productividad de sus tierras y estamos abiertos a escuchar sus opiniones. Cualquier solución al problema agrario se hará con y de la mano de los ganaderos, para que tengan los apoyos necesarios para hacer más uso de la ganadería intensiva o para reconvertir tierras a la agricultura.

Por eso buscaremos todos los canales para escuchar las preocupaciones de los ganaderos. Pero ellas deben expresarse sin desfigurar las posiciones del gobierno en la Mesa de Diálogo.

Paso ahora a rememorar los elementos esenciales del proceso. Lo primero y más importante es que las conversaciones con las Farc tienen un objetivo claro, definido y acordado por las partes que es el fin del conflicto. Estamos dialogando para buscar acuerdos que permitan, con las garantías necesarias, la desmovilización de la guerrilla.

Segundo, finalizado el conflicto y reintegradas las Farc a la sociedad tendrán las garantías físicas y jurídicas necesarias para que desplieguen su acción política. Pero esto no ocurrirá antes. Política y armas no van juntas.

Tercero, las conversaciones tienen una agenda delimitada de seis puntos que todo el país conoce.

Cuarto, los diálogos no son indefinidos. Es necesario, como lo dice el Acuerdo de La Habana, "concluir el trabajo sobre los puntos de la Agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible".

Quinto, las acciones de la Fuerza Pública para defender a los colombianos en su integridad y patrimonio se mantienen y solo habrá cese al fuego cuando se hayan alcanzado los acuerdos definitivos.

Queremos la paz, sí, pero no a cualquier costo, no al costo de que como producto de las conversaciones, la guerrilla se fortalezca para seguir en la guerra. El Presidente Santos ha sido claro que ese camino no lo repetiremos.

Entre tanto, sí debemos informar que las conversaciones avanzan en un clima de respeto y de diálogo amplio. Hay aproximaciones en el anhelo de transformar el campo aunque también subsisten diferencias notables.

Apostarle a la paz es situarse más allá de los propios intereses y ser capaz de ver el futuro sin abandonar el legítimo derecho de defender los propios intereses.

Es también entender que hay momentos en la vida de una nación, donde los grandes anhelos colectivos imponen responsabilidades históricas a todos.

Momentos en los cuales, el interés colectivo fija un derrotero a toda una nación.

Muchas gracias”.

 
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