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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro de la Universidad de Georgetown

Bogotá, 19 oct (SIG). “Me dijeron que todos hablaban español. De manera que creo que es lo más lógico y lo más apropiado. Primero, debo comenzar por ofrecer disculpas. Yo venía a un evento universitario de egresados. Acuérdense que los viernes es TGIF. Me vine sin corbata.

Me complace mucho estar aquí porque el prestigio de la Universidad de Georgetown precede su nombre, todos los conocemos aquí en Colombia y además me da la oportunidad para diversificar un poco mi asistencia a ciertos eventos de diferentes universidades.

Yo asistí a la Universidad de Kansas. Estuve en la Universidad, ahora que estuve en Naciones Unidas, después de 40 años de no haber vuelto. Fue un evento muy especial. Ustedes entenderán lo que es volver a la universidad, ver dónde dormía, dónde tomaba uno clases, dónde se trasnochaba estudiando, dónde se tomaban las cervezas, todos ese ambiente universitario que es tan importante y que a todos nos deja una marca para toda la vida.

Yo luego estudié en London School of Economics. Allá estuve también en la Universidad, hablando a los egresados de London School of Economics. También pase en dos ocasiones por la Universidad de Harvard. También he hablado en diferentes foros de egresados de Harvard. Pero por eso les agradezco que me hayan invitado para poder decir que soy un demócrata, que estoy diversificando.

Así como soy partidario de un equipo de fútbol, el Santa Fe aquí, pero cada vez que me toca asistir a un partido o decir quién va a ganar, ahora soy Presidente de todos los colombianos, entonces no puedo tener un equipo de fútbol de mi preferencia. Lo mismo sucede con las universidades.

Indicador EMBI

Pero, bueno: aquí estoy muy complacido por esta invitación. Estaba preguntando sobre qué les hablaba, qué sería interesante compartir con ustedes, y me vino a la cabeza una pregunta que me hicieron esta semana.

Esta semana JP Morgan publicó el grupo de países que tiene en su indicador que llaman EMBI, que es lo que mide el nivel de riesgo de los países emergentes. Y entre más bajo está uno en el EMBI, mejor le va, porque más barato le sale a uno la emisión de bonos. Eso quiere decir que entre más bajo está uno, menos riesgo le ven los inversionistas internacionales a ese país.

La pregunta que me hicieron con la publicación que hizo JP Morgan esta semana es: ¿qué fue lo que sucedió en Colombia, qué ha pasado en estos últimos años, para que Colombia –que estuvo en la época en que fui Ministro de Hacienda en los peores sitios en el EMBI, estábamos prácticamente fuera del mercado internacional–, hoy esté dentro de los tres países con mejor crédito, con el riesgo más bajo de todo el mundo. Tres de los países emergentes: Colombia junto con Perú y Bulgaria, estamos en los primeros lugares.

¿Qué es lo que ha sucedido para que Colombia haya tenido ese cambio tan radical y tan rápido? ¿Por qué se sucedió eso?

Gobernabilidad

Me pareció que esa era una buena pregunta para responder ante ustedes. Voy a referirme a lo que ha sucedido en estos 26 meses que llevo de Gobierno, donde hemos mejorado también muchísimo estos indicadores.

Cuando fui elegido, me di cuenta de la enorme responsabilidad que el pueblo colombiano había depositado en mis hombros. Ser ministro es una labor relativamente fácil, porque cuando uno tiene una decisión difícil siempre va donde el Presidente y le dice: ‘Presidente, ¿qué hago con esto?’. Y al Presidente le toca decidir.

Cuando uno es Presidente, como decía algún expresidente en Estados Unidos: ‘No hay a quién acudir’, uno tiene que tomar las decisiones. En eso tiene uno que tener muy claro qué es lo que quiere hacer, cómo lo va a hacer y ponerse unos objetivos.

Hay una frase de Séneca que para mí ha sido una frase que he utilizado toda mi vida desde que estuve en la Marina, que tiene que ver con los marinos, que decía que para quien no tiene puerto de destino todos los vientos son desfavorables.

Eso es cierto en la práctica. Los que son navegantes o los que son aficionados al mar se dan cuenta muy rápidamente de que eso es así. Si uno tiene un puerto de destino, cualquier viento lo puede uno utilizar para llegar a ese puerto de destino, así el viento sea desfavorable o muy fuerte.

Cuando uno no sabe para dónde va, cualquier viento se le convierte en un dilema o en un problema. Eso en la vida, en las compañías, en las familias, en las empresas, en los países. Por eso había que tener muy claro una serie de objetivos. Pero no solamente tener objetivos sino cómo lograr esos objetivos.

Lo primero que salta a la palestra en un análisis de ese tipo es una palabra mágica, en cualquier país que hoy en el mundo entero está siendo cada vez más cotizada, y es gobernabilidad.

Para una democracia tener gobernabilidad es fundamental para poder poner en marcha las reformas, poner en marcha la institucionalidad, todo lo que significa el ambiente favorable para lograr esos objetivos.

Fue ahí cuando me inspiré en Abraham Lincoln, en un libro que me he leído dos veces, donde se describe muy bien cómo Lincoln cuando ganó las elecciones, para tener gobernabilidad, invitó a sus rivales, a los que habían sido candidatos a la Presidencia en contra de él, los invitó a hacer parte del gobierno, con un razonamiento muy sencillo, muy de sentido común: que en el fondo las diferencias sobre los puntos fundamentales en ese caso de Estados Unidos, en nuestro caso el de Colombia, no eran muy grandes.

Todos los candidatos quieren ganarse las elecciones con propuestas buenas. Muchas veces uno se concentra en unos aspectos y los otros candidatos se concentran en otros aspectos. Y si uno une unas propuestas buenas con otras propuestas buenas, crea una sinergia. Pero no solamente crea una sinergia, sino que si une esas buenas ideas, eso tiene una repercusión política, es decir, en representación del Congreso, eso tiene unos resultados muy positivos.

De manera que lo primero que hicimos nosotros fue seguir ese ejemplo. Propuse un Gobierno de Unidad Nacional. Invité a los demás partidos políticos y a los demás candidatos que habían competido en contra mía a ser parte del Gobierno y a ser parte de esa Unidad Nacional.

Eso funcionó. Adopté varias de las propuestas, de las teorías que tenían estos candidatos, y así diseñamos un plan de gobierno, un plan de desarrollo que incorporara muchas de las ideas de mis antiguos rivales, pero que mantuviera lo fundamental que queríamos nosotros con este país, que era básicamente, se puede resumir en tres palabras: más seguridad, más empleo, menos pobreza.

Bautizamos ese plan de desarrollo como un Plan para lograr la Prosperidad para Todos. No una prosperidad concentrada, no una prosperidad localizada, sino una prosperidad que tuviera un efecto en todos los colombianos.

Responsabilidad fiscal

Esa Unidad Nacional nos ha permitido poner en marcha una serie de reformas, de leyes, de reformas constitucionales, tal vez sin precedentes en este país. Cerca de 84 reformas hemos logrado aprobar en el Congreso, cinco o seis de ellas reformas constitucionales, que en otra época o en otras circunstancias la gente no se hubiera imaginado que fuese posible.

Reformas que le han dado un gran piso a toda la confianza de los inversionistas en Colombia. Voy a referirme específicamente a una de ellas: una reforma constitucional que en cierta forma garantiza que el criterio de sostenibilidad fiscal, es decir, que la responsabilidad con que se manejan las finanzas públicas tiene que ser tenido en cuenta en todas las acciones del Estado, no solamente del Gobierno.

El criterio de sostenibilidad fiscal tiene que ser tenido en cuenta por los jueces, tiene que ser tenido en cuenta por los congresistas en las leyes que aprueban y, por supuesto, por el Gobierno.

A renglón seguido hicimos aprobar una Ley que hemos llamado de Responsabilidad Fiscal. También una Ley que obliga al Gobierno a tener un comportamiento en materia de gasto público y de endeudamiento dentro de ciertos parámetros. Pero parámetros responsables.

¿Para qué? Para evitar lo que hoy, por ejemplo, está golpeando tanto a Europa o a Estados Unidos. Para evitar que año tras año se vaya acumulando la deuda. Para evitar que año tras año se vayan acumulando los déficits. Y que al momento de la crisis, cuando eso revienta, todos los indicadores que han venido mejorando se vienen al suelo, con un costo social y un costo económico enorme, como el que están sufriendo Europa, como el que ha sufrido Estados Unidos, como los que sufrimos nosotros los países latinoamericanos a finales de los años 90.

A comienzos de este siglo, a mí me tocó manejar tal vez la peor crisis que tuvo Colombia en su historia reciente, como Ministro de Hacienda. Por eso fue que me acordé de ese problema que tuvimos cuando les mencionaba que en el EMBI estábamos en los peores lugares. No teníamos prácticamente acceso a crédito ni siquiera. Me di cuenta que eso de la responsabilidad fiscal debía ser algo prioritario en cualquier economía, si, este es un concepto muy importante, queremos garantizar los derechos de los ciudadanos.

Nuestra Constitución, la Constitución colombiana, es una Constitución muy garantista. Una Constitución que concentra el esfuerzo, todo el aparato del Estado, en garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Pero esos derechos fundamentales no son posibles de defender y garantizar, si no hay la capacidad económica, el sustento financiero para poder financiar la garantía de esos derechos.

Les cuento una anécdota de una experiencia que ilustra muy bien esa situación. Cuando era Ministro de Hacienda, recién nombrado, me acuerdo que mucha gente me dijo que era un suicida por haber aceptado el Ministerio de Hacienda en semejante crisis. Respondí que, por lo contrario, ese era un riesgo alto, pero que si nos iba bien el retorno iba a ser también alto.

Me acuerdo que estábamos en un programa con el Fondo Monetario. Y la Corte Constitucional colombiana dio un fallo sobre unos salarios de los funcionarios del Estado. Ese fallo indexaba esos salarios. O sea, había que aumentar los salarios mínimo la inflación. En esa crisis en que estábamos, eso era totalmente contrario a los intereses que estábamos nosotros buscando y a los objetivos que estábamos tratando de lograr.

Entonces me fui a donde el entonces el Presidente de la Corte Constitucional. Le expuse la inconveniencia de ese fallo. Con muy buen criterio desde su perspectiva, me dijo: ‘Lo felicito, joven’. Quedé un poco sorprendido. Me dijo: ‘Lo felicito porque usted está cumpliendo con su deber. A usted lo nombraron Ministro de Hacienda para conseguir plata. Y usted lo que está es defendiendo su plata. A mí me eligieron como magistrado de la Corte Constitucional para defender los derechos de los ciudadanos. Entonces usted vaya y cumpla con su deber, que yo estoy cumpliendo con el mio’.

Quedé bastante frustrado. Le dije: ‘Con todo respeto, señor magistrado, ¿cuál es el derecho que usted está defendiendo’. Me dijo: ‘Pues ni más ni menos que el derecho a un salario digno para cualquier funcionario del Estado colombiano’.

Le dije: ‘Me parece muy interesante y totalmente válido lo que me está diciendo. ¿Pero qué pasa si por garantizar ese derecho, usted deja al resto de los colombianos sin poder tener acceso a una buena salud o a una buena justicia o tener acceso a una buena educación? Porque esto que usted está haciendo, esto que está haciendo la Corte, puede generar una situación, estamos ad portas de entrar en una cesación de pagos, donde tendríamos que suspender los pagos de todos esos servicios, de todos esos derechos del resto de los colombianos’. Me dijo: ‘Muy interesante su tesis. Es válida. Si usted logra convencer al resto de los magistrados, podemos reversar ese fallo’. En efecto, así sucedió. Me fui de magistrado en magistrado, lo logramos reversar, pero me quedo sonando esa situación.

Por eso aprobamos esa reforma en el Congreso de la República. Y hoy una de las razones por las cuales estamos tan bajo en el EMBI, o sea, tenemos tan buen crédito, es precisamente por ese tipo de reformas que hemos puesto en marcha.

Han sido, como les decía, 84 reformas. Y seguimos con otras reformas. Este es un gobierno que he querido que lo vean como un gobierno reformador. La verdad que cuando uno hace un inventario de las reformas que se han aprobado, sí es un gobierno muy reformador. Hemos reformado muchos aspectos fundamentales del Estado colombiano, del manejo de la cosa pública. Pienso que para bien.

La economía en cierta forma ha venido mejorando cada vez más. Seguimos nosotros con un crecimiento relativamente alto, frente al resto de la región, por encima del promedio de América Latina, muy por encima del promedio mundial también.

Infraestructura

Y hemos hecho una serie de inversiones y hemos puesto en marcha una serie de políticas, que buscan es la sostenibilidad de un crecimiento relativamente alto.

Les voy a dar unos ejemplos. En infraestructura Colombia ha sido un país que ha cometido el error, que es muy natural en decisiones políticas de coyuntura, de ir sacrificando las grandes inversiones en infraestructura, e ir acumulando un retraso en materia de infraestructura. Para un país que tiene una geografía tan compleja como la nuestra, eso hoy es algo muy muy costoso para nuestra competitividad, que es una de las palabras que sé que a ustedes les interesa mucho: cómo hacemos para hacer que los países sean más competitivos.

La infraestructura tiene un elemento importantísimo en eso de la competitividad. Ahí nosotros hicimos una serie de reformas. Creamos una agencia para estructurar proyectos. El caso colombiano y el caso de muchos países de América Latina, pero el caso nuestro era especialmente grave. Nosotros no estábamos acostumbrados a estructurar proyectos. Iniciábamos las obras de infraestructura sin una buena estructuración. Ni siquiera teníamos la costumbre de tener la financiación completamente planeada. Por eso se comenzaban las obras. Y esa cosa muy nuestra, muy latinoamericana, muy colombiana por lo menos, de que el que venga de atrás, que siga arriando y que él vea a ver cómo consigue la plata para la otra mitad del proyecto, la otra mitad de la carretera, eso nos ha costado enormemente en materia de infraestructura. Por eso desde el principio dijimos: vamos hacer las cosas bien, así se demoren más. Vamos a iniciar con una buena estructuración de los proyectos.

Inclusive hicimos aprobar una Ley Anticorrupción, en donde hay un capítulo, un artículo específico, que dice que no se pueden contratar proyectos que no estén debidamente estructurados.

Después hicimos todo un ejercicio financiero, de ver cómo podíamos, dentro de esa responsabilidad fiscal, dentro de esa ley del marco fiscal, hacer un salto cualitativo en materia de infraestructura. Lo estamos logrando. No sé cuántos de ustedes aterrizaron hoy, porque si aterrizaron ayer no pudieron ver el aeropuerto. Pero hoy ya pueden aterrizar y usar ese aeropuerto. Los que se van a ir van a poder utilizar ese aeropuerto.

Esa es la primera obra que inició totalmente en este Gobierno y que se terminó en este Gobierno. Es un ejemplo de lo que es una obra bien estructurada y que se ejecuta a tiempo.

Así estamos haciendo con carreteras, con ferrocarriles, para que el país pueda en unos años tener una infraestructura por lo menos acorde con nuestro nivel de desarrollo.

Para ponerlo en términos prácticos: un contenedor hoy cuesta transportarlo de Bogotá a Buenaventura cerca de 2.800 dólares. Cuesta más que de Buenaventura a China. ¿Cuál es el propósito nuestro? Que ese costo se baje a mil dólares, o sea a una tercera parte, a través de buenas carreteras, buenos puentes, buenos puertos.

Para eso también hicimos aprobar otras leyes que tienen que ver con las alianzas público-privadas, para poder generar más financiación, porque no teníamos el espacio fiscal, y hemos llegado ya a un diseño que está generando un gran interés por parte de muchos inversionistas, y es que Colombia es de los países que más está invirtiendo en infraestructura en el mundo entero.

Solamente en materia de concesiones de infraestructura, tenemos proyectado abrir licitaciones en los próximos –y estamos abriendo licitaciones en los próximos 12 meses 18 meses–, por cerca de 40 billones de pesos. Eso son más de 20 mil millones de dólares para construcción de carreteras, ferrocarriles, mejores puertos.

Eso solamente representa que nuestro porcentaje de gasto público en infraestructura pase de uno por ciento, que teníamos como promedio, a 3 por ciento del PIB, que es lo que tienen lo países en promedio, los países que generan una buena infraestructura.

Este año, para darles un ejemplo del orden de magnitudes de lo que estamos haciendo, vamos a construir cerca de 280 kilómetros de dobles calzadas. Eso equivale casi a lo que construyó España en su mejor momento, que construyó 300 kilómetros.

Todo eso lo estamos haciendo dentro de un programa fiscal, para que este año, al terminar el año, tengamos equilibrio fiscal. Es decir, hemos logrado el mejor de los mundos, y es generar los recursos a través de alianzas público-privadas, o a través de una mayor eficiencia en los recaudos tributarios. Los recaudos tributarios nuestros aumentaron 62 por ciento, ese es un porcentaje muy importante, con cambios en la estructura y en la forma de operar de nuestras autoridades aduaneras y de impuestos.

Eso, también con el crecimiento de la economía y los mayores impuestos que hemos podido recaudar, nos ha dado para, por un lado, hacer una serie de inversiones muy grandes, pero al mismo tiempo mantener una senda, un camino fiscal, una gran responsabilidad, a tal punto que este año, al final del año, debemos tener lo que en términos técnicos se denomina equilibrio fiscal, es decir, un déficit menor al uno por ciento.

Reformas sociales

También hemos dedicado buena parte de las reformas que se hicieron aprobar en el Congreso, a la parte social. Colombia, si quiere ser sostenible en el largo plazo en materia de crecimiento, y de fortalecer su democracia, tiene que agarrar el toro por los cachos en unos problemas de tipo social que nos han golpeado muy duro y nos siguen golpeando muy duro, y que a la larga impiden un desarrollo sostenible.

Por ejemplo, nuestros índices de desigualdad. Colombia es uno de los países con mayores índices de desigualdad. Nuestros índices de pobreza: un porcentaje demasiado alto en la pobreza y en la pobreza extrema.

Por eso hemos dedicado buena parte del trabajo del Gobierno a atacar esos problemas, y con bastante éxito. Hemos puesto en marcha programas que hoy han sido considerados por las entidades multilaterales como programas del estado del arte en muchos de los proyectos o los programas para luchar contra la pobreza extrema.

Hemos puesto en marcha un programa que se llama Red Unidos, para darles un ejemplo, donde estamos identificando, ya tenemos identificadas un millón 200 mil familias con todas sus necesidades. Tenemos 45 indicadores, tenemos unos gestores que están acompañando a esas familias, y 39 entidades del Estado que están viendo cómo pueden ayudar esas familias para ir chuleando cada uno de esos factores e ir sacando a esas familias de la pobreza extrema.

Tenemos programas en contra de la pobreza en general, programas condicionados de asistencia condicional, que han sido muy exitosos. Todos estos programas nos han permitido ya tener unos resultados concretos.

El año pasado sacamos un millón 200 mil colombianos de la pobreza y cerca de 670 mil de la pobreza extrema. Por primera vez en mucho tiempo, nuestro Coeficiente Gini, el que mide la desigualdad, bajó en un porcentaje importante.

Espero que los resultados de este año sean bastante mejores que los del año pasado, porque hemos fortalecido esos programas, les hemos dado más recursos a esos programas.

Empleo

Llevamos 26 meses, desde el 7 de agosto de 2010, de un crecimiento continuo, mes tras mes, en materia de generación de empleo. No ha habido un solo mes donde el empleo se haya disminuido frente al mismo mes del año anterior. O sea, 26 meses seguidos de generación de empleo. Es un logro que en el mundo de hoy, ustedes han visto lo que está sucediendo, es un logro muy importante. Cerca 2 millones 150 mil empleos se han creado en estos 26 meses.

Inclusive tuvimos una noticia regular o bastante mala el día de ayer en cuanto a crecimiento industrial en el mes de agosto. Tuvimos un crecimiento negativo. Íbamos bien, pero de pronto tuvimos un bajonazo.

Pero logramos detectar ahí que hay algo positivo dentro de esas cifras: que sigue el sector positivo en materia de creación de empleo. O sea que paradójicamente se vino abajo la producción industrial, pero la creación de empleo no sufrió, todo lo contrario, siguió aumentando. Para nosotros eso es importantísimo.

¿Cuál es el gran reto ahora? Que el empleo sea cada vez más formal, no un empleo informal. Aquí tenemos un reto enorme porque Colombia, al igual que muchos países de América Latina, pero el caso nuestro es especialmente grave, tenemos un índice de informalidad demasiado alto.

Ese es otro aspecto que impide la sostenibilidad a largo plazo. Cuando hay una economía con un porcentaje demasiado alto de informalidad, todos los esquemas de seguridad social comienzan a debilitarse, porque cada vez va a haber menos gente cotizando y más gente beneficiándose de esos esquemas.

En la medida en que uno aumente la base de los cotizantes, formalizando el empleo, todos los esquemas se autofinancian y se vuelven sostenibles. Por eso se ha convertido en algo tan importante la formalidad.

Reforma Tributaria

Dentro de esa idea fue que propusimos ahora al Congreso una reforma tributaria, que deberíamos ponerle otro nombre, porque todas reformas tributarias se presentan con la idea de conseguir más recursos.

Nosotros estamos modificando nuestra estructura de impuestos no para conseguir más recursos, porque no los necesitamos. Un presidente que diga: no necesito más recursos, mucha gente dice: qué cosa tan curiosa, eso no sucede con mucha frecuencia. Pero es la verdad. Nosotros tenemos una situación fiscal buena, positiva. No estamos buscando más recursos. Estamos es generando las condiciones para poder emplear más gente en empleos formales.

Nuestra estructura tributaria conspira en contra de eso. Por eso la reforma que estamos presentando lo que hace es fomentar la formalización y el empleo y fomentar la equidad.

Los sistemas tributarios, en cualquier parte del mundo, deberían ayudar a mejorar la equidad de un país. Y les voy a dar un ejemplo: nosotros tenemos una economía no muy diferente a la economía británica en materia de desigualdad, antes de pagar impuestos. Pero en el sistema tributario británico, después de pagar impuestos la equidad se mejora enormemente.

Para dar un ejemplo: si el Coeficiente Gini es de 4, después de pagar impuestos el Coeficiente Gini baja a 2,5. En el caso colombiano, nosotros comenzamos con 4, y después de pagar impuestos terminaos en 4,2. O sea que el efecto de nuestros impuestos es todo lo contario en materia de buscar mayor equidad. Eso queremos solucionarlo y lo estamos queriendo solucionar en parte con esta reforma tributaria que está siendo discutida en este momento en el Congreso.

En fin, puedo describirles la cantidad de otras reformas que hemos puesto en marcha: reforma a las regalías, reformas de todo tipo, que hemos podido aprobar en el Congreso, y que estamos ahora en la fase de ejecución. Pero no quiero aburrirlos con eso.

Quiero simplemente resaltar lo importante que es esa palabra mágica de la gobernabilidad: la política. Por eso la política no puede estar totalmente separada de la economía, de los negocios. Una buena política genera una buena economía, genera un buen ambiente de negocios. Una mala política, hace todo lo contrario.

Inversión extranjera

Nosotros lo que hemos querido poner en marcha es eso: un buen paquete de medidas y reformas, manteniendo una buena gobernabilidad que nos permita generar esas condiciones para que los empresarios vean a Colombia cada vez con mejores ojos, como lo estamos logrando, porque no de otra forma tendríamos esa avalancha de inversionistas que están llegando a Colombia.

Hemos roto los récords de inversión extranjera en estos últimos dos años. Cada año rompemos este récord y este año lo vamos a romper otra vez. En este momento en Cartagena se está presentando una ronda solamente de inversionistas en materia de petróleo y de gas. Ha sido muy exitosa. El interés de la comunidad petrolera internacional en Colombia es cada vez mayor.

Estamos atrayendo otro tipo de inversionistas para poder tener un equilibrio en el crecimiento de la economía minero-energética y del resto de la economía, para no entrar en lo que llaman la ‘enfermedad holandesa’.

Ayer me reunía con el presidente de Indra, que es una compañía maravillosa, española, dedicada a la producción de software. Ellos han venido haciendo unos estudios sobre dónde podría haber un gran crecimiento en ese frente de la tecnología, de la información, del software.

Para sorpresa mía, me decía el presidente de Indra: ‘Colombia es uno de los días países con mayor potencial, por las características de la gente, por diferentes indicadores que ellos tienen’.

Le dije: ‘Pues aquí encuentra un socio para toda la vida, porque es el tipo de industria y de actividad que debemos fomentar, que inclusive nos puede permitir, en cierta forma, dar el salto de una economía muy avanzada en materias primas, en recursos naturales, a una economía con un valor agregado alto en materia de información y tecnología. Ahí hay que hacer un gran esfuerzo, ahora que veo a la Ministra de Educación, en materia de educación. Hablábamos ayer con el presidente de Indra sobre eso. En capacitación de la gente, en currículos de las universidades, pero el potencial ahí es enorme. Y cualquier economía que logre dar ese salto, es una economía que va a tener y va a encontrar sostenibilidad en el largo plazo.

Relaciones internacionales

Sé que en Georgetown, no sé si muchos de ustedes son graduados de la facultad de relaciones internacionales. En materia de relaciones internacionales, Colombia ha dado también. Un vuelco importante, deliberado, también fue programado.

Lo primero que hicimos fue mejorar o normalizar las relaciones con nuestros vecinos. No teníamos relaciones diplomáticas, no teníamos comercio. Estábamos en cierta forma aislados en la región.

Soy un convencido de que uno puede no solamente con países vecinos sino con cualquier persona, tener una buena relación, así piensen diferente. Nosotros con Venezuela, con el gobierno venezolano pensamos muy diferente, tenemos objetivos muy diferentes. Pero si nos respetamos esas diferencias, podemos trabajar juntos donde nos conviene a los dos. Eso es lo que hemos hecho. Lo mismo con Ecuador. Tenemos las mejores relaciones con Ecuador.

Eso nos ha permitido tener juego en toda la región, ser en cierta forma relevantes en muchas actividades de la región. Creamos una Alianza que ha generado mucho interés a nivel internacional, con México, Chile, Perú y Colombia, que se llama la Alianza por el Pacífico.

Nos estamos integrando cada vez más, tenemos libre comercio entre todos los países, pero queremos ser como un grupo de países atractivos en muchos sentidos para la comunidad internacional. Y lo estamos logrando. No son excluyentes con otros tipos de integración, pero diría que esta es la integración más importante que se ha hecho en América Latina en su historia, la que estamos haciendo con estos otros tres países.

Hemos sido muy relevantes en el Consejo de Seguridad, terminamos nuestro periodo este año, pero nos ha permitido también tener juego a nivel internacional. Hoy a Colombia la ven con ojos muy diferentes a como nos veían hace algunos años. Nos ven con mejores ojos, ya nos comienzan a quitar las visas en muchos sitios, ya nos comienzan a respetar. Eso desde el punto de vista objetivo de un país es algo muy importante.

Con Estados Unidos tenemos una relación maravillosa. Ayer hablaba con la Secretaria Hillary Clinton, quien amablemente me llamó a preguntar por mi estado de salud y a ofrecerme su respaldo en el proceso de paz.

Decíamos: qué bueno que la relación con Estados Unidos está tal vez en el mejor momento de su historia, porque así está. Tenemos una relación, no lo digo porque aquí está nuestro querido Embajador, sino que realmente los hechos lo demuestran: ya cambiamos la agenda. Antes con Estados Unidos hablábamos solamente terrorismo y drogas. Hoy la agenda tiene que ver con tecnología, con educación, con desarrollo, con los temas que realmente deben interesar a los países que están queriendo sobresalir en el entorno internacional.

Como lo dijo Antonio Ardila en su presentación, soy un creyente del libre comercio. He estimulado mucho los tratados de libre comercio con muchos países. Hace 20 años, cuando fui Ministro de Comercio Exterior, fui el primer Ministro, soñaba con tener libre comercio con países como Estados Unidos. Lo logramos.

Con Corea, lo logramos. Hablé antes de ayer con el Presidente de Corea, quien también me llamó. Hablábamos de que también tenemos unas relaciones Corea – Colombia como no habíamos tenido en nuestra historia. Y como hay de área donde podemos trabajar juntos con más esfuerzos.

En Nueva York, donde estuve el mes pasado, me reuní con el Primer Ministro japonés. Y anunciamos el inicio de las negociaciones para un tratado de libre comercio con el Japón, otro país con el cual añorábamos tener libre comercio.

Colombia además tiene una posición geográfica estratégica. Por primera vez los inversionistas la están viendo así: el único país de Suramérica que tiene Costa Caribe, Costa Pacífica. Un sitio ideal, porque está en la mitad de las Américas. Eso todo lo estamos tratando de aprovechar para generar –que es el fondo de cualquier política pública– más bienestar, más prosperidad para los colombianos.

Colombia va bien, va por buen camino. Por supuesto que hay dificultades de todo tipo. Tenemos dificultades, como cualquier país, pero son dificultades que vamos superando, porque tenemos un puerto de destino, porque sabemos para dónde vamos, porque tenemos claros los objetivos.

Diálogos de paz

El proceso de paz que se inició ayer en Oslo no estaba en las promesas de campaña. No estaba dentro de lo que le prometí al pueblo colombiano. Pero es una obligación constitucional tratar de buscar la paz.

Colombia ha estado en un conflicto interno que lleva medio siglo: 50 años de guerra interna, de conflicto interno. Mi obligación era buscar la manera de ver si se puede terminar ese conflicto.

Hemos hecho un esfuerzo serio, discreto. Vamos a ver si estas conversaciones producen los resultados. Sabemos perfectamente qué queremos, sabemos exactamente dónde están las líneas rojas, qué podemos ceder, qué no podemos ceder.

Ojalá se pueda dar ese resultado. Sería maravilloso para todo el mundo. Pero si no se da, hemos hecho tan bien las cosas, de forma tal que al país no le cueste nada haber ensayado.

Por eso es diferente a lo que hemos hecho en el pasado. Aquí no va a haber ningún cese al fuego, no va a haber ninguna cesión de territorio o despeje.

Vamos a continuar con la agenda de gobierno: la agenda contra la pobreza, la agenda por el empleo, la agenda por más seguridad. Y si logramos la paz, los dividendos son enormes, infinitos. Pero si no la logramos, lo que hemos hecho, el esquema que hemos planeado, es que al país no le cueste nada.

De manera que en eso tengo mucha tranquilidad. Repito: sabemos exactamente qué es lo que queremos y para dónde vamos.

Por eso me alegra tanto que ustedes hayan escogido a Bogotá para este encuentro de la Universidad de Georgetown. Ustedes son conocedores de todos esos problemas.

Me excusan que me haya extendido un poco más de la cuenta en el uso de la palabra, pero a veces me emociono con estos temas. Les agradezco muchísimo su atención. Muchas gracias”.

 
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