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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos al recibir el Premio de Convivencia de la Fundación ‘Manuel Broseta’

Valencia, España, 15 nov (SIG). “Muchas gracias. Me siento muy honrado y recibo en nombre de mi país este Premio. Me honra muchísimo que haya sido otorgado por un jurado tan selecto: los expresidentes de los premios anteriores. Eso me da una especial satisfacción.

No es la primera vez que la Comunidad Valenciana celebra un acontecimiento que tiene que ver con la paz y convivencia en Colombia. Aquí, en esta comunidad, en julio del año 1956, en Benidorm, se firmó un acuerdo entre los entonces jefes de los dos partidos en Colombia: Alberto Lleras, del Partido Liberal, y Laureano Gómez, del Partido Conservador.

Resulta que ese acuerdo puso fin a una guerra civil no declarada entre liberales y conservadores, que se llamó La Violencia en Colombia, que tuvo como consecuencia más de 300 mil muertos. Ese pacto dio además origen a un período de la historia de Colombia, que se llamó el Frente Nacional, en donde los dos partidos acordaron alternar el poder entre ellos hasta el año 1974. De manera que ya hay un pedazo de historia de la convivencia de Colombia aquí en esta Comunidad Valenciana.

Los principios que defendía Manuel Broseta como profesor, abogado, como político, son esos principios que debe defender cualquier demócrata, que deben estar presentes siempre en las sociedades que quieren progresar. Principios y valores como el de la libertad, la tolerancia, el respeto, la convivencia. Son principios que si uno los mantiene como brújula –para eso son los principios, para usarlos como brújula–, en momentos de dificultad, eso siempre nos guía en la dirección correcta. Eso en cierta forma es lo que he hecho en mi vida pública. Aplicar esos principios cada vez que tengo la oportunidad. Creo que eso es lo que ha significado el poder avanzar en la dirección correcta.

En Colombia llevamos un conflicto de casi 50 años. Un conflicto que ha generado todo tipo de sufrimientos. Por avatares del destino, me ha correspondido estar presente en el conflicto en diferentes posiciones. Cuando fui nombrado Ministro de Defensa, me di cuenta, ratifiqué algo que tenía muy presente, y es que para buscar la paz hay que saber ejercer la autoridad. Cuando tiene uno un enemigo que acude al terrorismo, con el terrorismo no puede haber contemplación. Fue dentro de ese espíritu que, como Ministro de Defensa, iniciamos una serie de cambios en la estructura y en la forma de operar de nuestras Fuerzas Armadas, de nuestras Fuerzas Militares, de nuestra Policía, para poder enfrentar el terrorismo con mucha más efectividad.

Así sucedió. Desde el año 2006 a hoy, los grupos terroristas de las Farc y del Eln han sufrido los golpes más contundentes. Golpes que los han venido debilitando y que los han venido convenciendo, que es lo más importante, de que la violencia no paga. O por lo menos de que a través de la violencia no van a conseguir ningún objetivo.

Ahí también me di cuenta de la importancia de generar espacios de convivencia, y de que si queríamos la paz en Colombia, tenemos que abonar el terreno en varios frentes. Luego de mi paso por el Ministerio de Defensa, llegué a la Presidencia de la República e identifiqué esos frentes en donde había que avanzar para abonar el terreno para la paz.

Un frente evidente era el entorno internacional. Cuando llegamos a Presidencia, la situación con nuestros vecinos era una situación bastante difícil. Inclusive personalmente yo había tenido con el Presidente de Venezuela enfrentamientos duros, porque pensábamos diferente. Teníamos visiones diferentes sobre la democracia, sobre la libertad, el desarrollo. Pero en el momento en que fui elegido como Presidente, me autodiagnostiqué, por así decirlo, una premisa fundamental. Y es que cualquier Jefe de Estado tiene que buscar la forma de favorecer a sus ciudadanos, y la convivencia con sus vecinos es una forma efectiva de buscar mayor prosperidad para los ciudadanos. Cuando pelean los dirigentes de los países, los que sufren son los pueblos.

Con esa premisa hicimos un acercamiento con el Presidente Chávez. Nos sentamos, a los dos días de haberme posesionado como Presidente, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde murió Bolívar, en Santa Marta. Nos sentamos frente a frente y hablamos con toda franqueza, diciendo: usted y yo hemos sido enemigos, hemos tenido muchas diferencias, pero tenemos una obligación, usted con el pueblo venezolano y yo con el pueblo colombiano. Y es la obligación de buscar un entendimiento. Y ese entendimiento tiene que partir de un principio fundamental que hay que aplicar, y es el respeto por las diferencias: si usted respeta lo que pienso –pienso muy diferente– y usted respeta lo que hago en mí país, y yo le respeto a usted lo que hace en su país y lo que usted piensa, creo que podíamos encontrar muchos comunes denominadores, donde podríamos trabajar juntos a favor de nuestros pueblos.

Y así fue. Nos dimos la mano y dijimos: ensayemos. Eso fue el 10 de agosto del 2010. Desde entonces hemos logrado mantener una relación muy fructífera para los dos países, una relación cordial y una relación que también cambió el entorno en la región.

Lo mismo hicimos con el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, con quien tampoco teníamos relaciones diplomáticas, no había diálogo, había era controversias, confrontaciones casi que a diario a través de los medios de comunicación. Nos sentamos con el mismo espíritu y logramos cumplir el objetivo.

Eso en cierta forma transformó la geopolítica regional, a tal punto que Colombia, que era considerada como una especie de oveja negra en la región, resultó siendo elegida como Secretaria General de Unasur, la organización de los Estados suramericanos.

Ahí la convivencia, la búsqueda de la convivencia, ha generado unos dividendos importantes, que inclusive nos han permitido mediar en situaciones en el resto de la región. Como, por ejemplo, cuando Honduras tuvo esa crisis, nos pusimos de acuerdo el Presidente Chávez y yo para poder buscar una solución, y se la encontramos. Hoy Honduras hace parte nuevamente de la comunidad iberoamericana, de la OEA, de donde había sido suspendida por lo que había sucedido en Honduras.

Con esa misma mentalidad de buscar acercamientos y convivencias en el plano interno en Colombia, el día en que me posesioné también hice un llamado a los partidos políticos que fueron mis rivales en la elección. Tuve como inspiración al Presidente norteamericano Abraham Lincoln, cuando él llamó al gobierno a quienes habían sido sus rivales en la carrera por la Presidencia. Yo hice más o menos lo mismo.

Llamé a los partidos y les dije: aquí hay polarización. La polarización genera unas situaciones que impiden que las sociedades progresen. ¿Por qué no buscamos unos consensos mínimos entre nosotros? Yo puedo asumir varios de los programas que ustedes están proponiendo, como parte del programa de gobierno. Ustedes se incorporan al gobierno y ensayamos a pasar unas reformas de esas que todos hemos soñado que sean aprobadas en el Congreso, y que nunca se ha podido por la polarización política.

Ese llamado fue respondido positivamente por todos los partidos, y creamos la Unidad Nacional. Una Unidad Nacional que nos ha permitido en estos dos años aprobar la legislatura más progresista y más profunda en la historia reciente de Colombia. Porque al mismo tiempo también mencionábamos que hay que abonar el terreno, la agenda de gobierno, para buscar eventualmente la paz.

Reformas como las que aquí se han mencionado, como la de las regalías que generan las explotaciones de los hidrocarburos, de la minería. Las redistribuimos para poderlas repartir en una forma mucho más justa, más equitativa, dándoles más recursos a las regiones más pobres.

Reformas como la Ley de Reparación de Víctimas y Restitución de Tierras, que lo que busca es ir reparando las víctimas, ir devolviéndoles a los campesinos las tierras de donde fueron desplazados por la violencia, en un ejercicio de buscar la convivencia, de ir curando las heridas, las heridas que se han venido acumulando durante 50 años de conflicto.

Nos aventuramos a hacerlo en medio del conflicto, algo sin precedentes en la historia. Un país que había iniciado el proceso de reparación en medio del conflicto. La pregunta obvia fue: ¿por qué vamos a tener que esperar? ¿Por qué no comenzamos desde ya? De pronto esto acelera el fin del conflicto.

De forma simultánea continuamos con la determinación desde el punto de vista militar, con la teoría muy conocida y muy obvia de la zanahoria y el garrote. Por un lado, una agenda social muy progresista, muy audaz, cerrando brechas, tratando de disminuir las desigualdades en un país lleno de desigualdades, y al mismo tiempo ir imponiendo la autoridad, imponiendo el control del territorio en todos los rincones de Colombia, para quitarle cada vez más espacio al terrorismo.

Así avanzamos. Y desde el principio también enviamos una señal: que estábamos dispuestos a dialogar, a ensayar una salida negociada al conflicto, pero con unas condiciones muy específicas. Condiciones que se cumplieron, de confidencialidad, condiciones de acordar unas agendas que fueran realistas. Eso duró más o menos un año, de negociaciones secretas.

Finalmente decidimos dar a conocer el progreso que habíamos logrado, se hizo público y esta semana comienza la segunda fase de estas negociaciones, que deben conducir al final del conflicto después de 50 años. No sabemos si vamos a tener éxito. Por el lado nuestro hay toda la voluntad. Creemos que las condiciones están dadas.

La política exterior que hemos adelantado ha ayudado muchísimo a ambientar este proceso, a quitarle oxígeno a la continuación del conflicto. Hemos recibido un apoyo muy grande y muy contundente de la comunidad internacional. También un apoyo interno, prácticamente de todos los colombianos, con algunas excepciones, un porcentaje pequeño, pero el pueblo colombiano también está aburrido de tanta violencia y quiere la paz.

Pero no es una paz a cualquier precio. Es una paz con unas condiciones. Eso lo hemos hecho explícito. Sabemos perfectamente dónde están las líneas rojas. Sabemos qué estamos dispuestos a conversar y qué no está en la agenda. Eso no solamente lo hemos hecho explícito, sino que cada vez tiene que ser más claro. Nosotros no estamos negociando el Estado. No estamos negociando el modelo de desarrollo. No estamos negociando las políticas públicas. Lo que queremos es llegar a un acuerdo para poner fin al conflicto.

El mensaje que estamos transmitiendo a las Farc es de un sentido común evidente: si ustedes quieren hacer política, les damos todo el espacio, pero sin armas, sin violencia. Y conversemos a ver cómo hacemos esa transición, para que ustedes puedan dejar sus armas y reincorporarse a la vida civil y hacer política.

Y cuando estén haciendo política, con las garantías que da la democracia, ahí ya podremos discutir, y el pueblo será el que decida si nacionalizan las empresas petroleras o si se prohíbe la inversión extranjera. Pero no vamos a negociar nada de eso en el proceso de la búsqueda del fin del conflicto, porque nosotros no vamos a negociar nada que tenga que ver con Estado, con un grupo armado.

Es así de sencillo. Así de claro. Si hay voluntad, creo que podemos llegar a unos acuerdos en un período breve. Estas negociaciones no pueden prolongarse demasiado. Una de las condiciones que pusimos desde el principio es que no bajaremos la guardia en la parte militar, en la aplicación de la autoridad y de la fuerza, sino hasta que lleguemos al acuerdo para finalizar el conflicto.

Ahí hay algunos que están proponiendo treguas, cese al fuego. Mi respuesta ha sido clara y contundente: no hay tregua ni cese al fuego. Si quieren adelantar el cese al fuego como para humanizar el conflicto, lo que queremos nosotros es finalizarlo, no humanizarlo. Y entre más pronto lleguemos a un acuerdo, más pronto se silencian los fusiles. Así de sencillo y así de claro.

Mientras tanto tenemos que comenzar, como sociedad, a discutir esas decisiones que tiene que tomar una sociedad si quiere finalizar con un conflicto que lleva 50 años, en el caso nuestro. Así le ha tocado a la mayoría de los países que han terminado conflictos.

Pero esas discusiones de dónde traza uno la línea divisoria entre justicia y paz, de cuánto está uno dispuesto a sacrificar la justicia en aras de construir la paz, nunca es fácil esa discusión. Si uno le pregunta a cualquier víctima del terrorismo dónde quiere que se trace línea, esa víctima siempre, es natural y obvio, va a responder que se trace en aquel sitio donde yo considere que se haga justicia.

En cambio, si uno le pregunta a una persona que no ha sido víctima, pero que puede ser víctima el día de mañana, esa persona siempre responderá: yo estoy dispuesto a trazar esa línea sacrificando parte de esa justicia, en aras de la paz.

Ese es el tipo de discusiones que tendremos que tener en Colombia en este proceso. Que se dé con toda la franqueza. Estamos dispuestos a contribuir y a ser flexibles dentro de los parámetros que presuponen inclusive los tratados internacionales.

Nosotros hemos hecho negociaciones de paz con otros grupos guerrilleros en el pasado, cuando no existía la Corte Penal Internacional, cuando no existían ciertos límites y ciertos principios que hoy son aceptados por todos en el escenario internacional.

No puede haber indultos, no puede haber impunidad total, no puede haber ningún tipo de perdón y olvido. Por eso se inventó la justicia transicional, para permitir que principios como verdad, justicia y reparación siempre estuvieran presentes en este tipo de procesos. Y tendrán que estar presentes en el proceso colombiano.

Pero si nuevamente nos dejamos guiar por esos principios que defendía el profesor Manuel Broseta, buscando siempre la libertad, buscando siempre la convivencia, buscando la paz, creo que llegaremos a un feliz término.

Premios como este que me acaban de otorgar, lo que hacen es darnos una inyección de estímulo para seguir adelante. A veces es mucho más fácil hacer la guerra que hacer la paz. Hacer la paz no es fácil. Tiene contradictores. Así suene raro que uno diga que hay contradictores para hacer la paz, pero sí existen. Existen sectores que prefieren vivir en guerra. Existen sectores que viven de la guerra. Esos sectores a veces se oponen a procesos como el que estamos iniciando en Colombia.

Nos corresponde mucha pedagogía para convencer a la gente de que hay que tener paciencia, de que hay que ir buscando las condiciones para lograr la terminación del conflicto.

Como lo decía Benita, si terminamos este conflicto, los dividendos serían muy grandes, infinitos, para nuestro país que ha sufrido tanto las dificultades del conflicto. Pero también para la región. Este conflicto va y viene. Es el único conflicto que tiene el hemisferio. Por eso la región está también muy entusiasmada con la posibilidad de buscar esa paz.

Hemos encontrado un gran apoyo en toda la región. Como les decía anteriormente, en toda la comunidad internacional. Hemos querido, sin embargo, que estas negociaciones se lleven a cabo en forma directa, sin mediadores. Tenemos unos países que nos han venido acompañando, Noruega y Cuba, como anfitriones. Y hemos escogido de común acuerdo a Venezuela y a Chile como acompañantes. Dejamos la puerta abierta para invitar a otros países o a otras personas, si así lo consideramos necesario y oportuno.

El proceso que comienza esta semana debe terminar, y así fue establecido, con un acuerdo que dé fin a este conflicto. La intención es no levantarnos de la mesa hasta llegar a esos acuerdos. Acuerdos sobre cinco puntos que hemos determinado, que están firmados. Si hay voluntad por la otra parte, creo que podremos en un año volver aquí a Valencia a celebrar, como se celebró en el año 56, que haya convivencia y paz en Colombia.

Eso es lo que todos esperamos y siempre estaremos listos a aplicar los principios de este profesor que fue asesinado por el terrorismo. A sus familiares decirles que llevaremos esos principios siempre presentes, porque es lo que cualquier sociedad civilizada, cualquier democracia civilizada, debe hacer: la tolerancia, la convivencia, ser firmes con el terrorismo. Esa es la forma de generar las condiciones para lo que hemos llamado nosotros en Colombia la Prosperidad Social.

Colombia va por buen camino. Hemos logrado unos indicadores económicos y sociales sin precedentes. Vamos reduciendo brechas, vamos abonando todo el terreno, para que si hay una terminación del conflicto, realmente podamos vivir en paz.

No se construye la paz de la noche a la mañana. Pero se construye con determinación, se construye con perseverancia. Y esa determinación y esa perseverancia la tenemos, y continuaremos con ella hasta lograr nuestros objetivos. Muchas gracias”.

 
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