Bogotá, 31 ago (SIG). “En 1989, hace ya 22 años, en una conferencia en Toronto, la entonces presidenta de la Comisión Mundial de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Medio Ambiente, Gro Harlem Brundtland, dijo:
‘ El impacto del cambio climático mundial puede presentar un desafío mayor que cualquier otro al que se haya enfrentado la humanidad, con la excepción del de impedir una guerra nuclear’.
En esa época, ese concepto ‘cambio climático’ era realmente ajeno y extraño para nosotros.
Pero llama la atención ver cómo, desde entonces, ya algunas organizaciones –como la que presidía la señora Brundtland– empezaban a preocuparse por un fenómeno que tarde o temprano nos afectaría a todos.
Pues bien, hoy nadie duda, mucho menos nosotros, que estamos sufriendo los estragos de ese fenómeno.
Como todos saben, el invierno del último año en Colombia ha sido el más devastador de toda nuestra historia.
Y la variabilidad climática cada vez más marcada implica que tendremos eventos extremos con mayor frecuencia.
A veces, lluvias en exceso; otras veces, temporadas de profunda sequía.
Y tan grave como las inundaciones es la falta de lluvia que genera procesos de desertificación.
Ante este panorama, esto que venimos a celebrar y a ratificar hoy aquí tiene TODA la importancia.
El 2011 ha sido declarado por la ONU como el Año Internacional de los Bosques, una iniciativa sumamente relevante si se tiene en cuenta que los recursos forestales juegan un papel clave en el cambio climático.
¿Por qué? Porque los árboles son uno de los principales sumideros de carbono, al ser los encargados de absorber el dióxido de carbono que circula en la atmósfera.
Según un estudio de la Universidad de Sevilla, un árbol de unos 20 años absorbe en un año el CO2 emitido por un vehículo que recorre entre 10 mil y 20 mil kilómetros.
Por eso, entre muchas otras razones, es tan grave la deforestación.
Lamentablemente, ésta representa hasta un 20 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, que contribuyen al calentamiento global y al cambio climático.
Aquí estuvo hace unos meses el Premio Nobel, ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, y nos dio una conferencia muy importante. Y nos explicaba cómo esas lluvias que estábamos sufriendo, esas inundaciones que estábamos sufriendo, producían esa deforestación que estamos produciendo.
Y explicaban en términos muy sencillos, él decía que las nubes encima de Colombia las puede uno a semejar como a una tina y que el efecto de la deforestación aumenta la temperatura y al aumentar la temperatura, las nubes concentran más la humedad. Y esa tina que estaba medio llena, ahora se llena mucho más. Y como no hay sino un desagüe, entonces el desagüe bota el agua con mucho más fuerza.
Por eso las lluvias que hemos visto en este último año y que hemos sufrido, son muchas más intensas. Yo por lo menos nunca había visto en Bogotá, la intensidad de las lluvias que hemos sufrido en los últimos años. Y ahí el ex vicepresidente Gore nos lo explicaba en términos muy sencillos.
Nuestra riqueza en biodiversidad
Y éste es un tema muy importante, repito, no solo porque debemos tomar conciencia de que los bosques son parte esencial del desarrollo sostenible nuestro y del mundo, sino porque este es el momento ideal para que, como se dice coloquialmente en Colombia, nos pongamos las pilas
Nosotros somos unos afortunados: tenemos el país más rico en biodiversidad por kilómetro cuadrado y tenemos la mayor cantidad de páramos del mundo.
¡Del mundo entero!
Es absurdo que no seamos conscientes de este privilegio y que no cuidemos nuestras riquezas.
Y lo digo así, con todo el desparpajo y la franqueza, porque el fin de semana, que estuve en el Chocó, me quedé realmente impresionado y preocupado.
Estuvimos durmiendo en el Parque Nacional Natural de Utría, un parque que a quien no hay ido, le recomiendo. Es una verdadera experiencia personal maravillosa. Nos acostamos con una sinfonía de chicharras, nos levantamos con otra sinfonía de pájaros y luego fuimos al acuario y vimos las ballenas, cómo habían subido 8.500 kilómetros a reproducirse ahí al frente de ese maravilloso parque.
Pero también vimos unos mapas de deforestación donde se observaba toda la selva del Chocó y, entre tanta zona verde, empezamos a ver unos parches rojos, que es donde se ha venido deforestando.
Según los cálculos que se han hecho, si seguimos con la tendencia, si no hacemos nada al respecto, en unos 10 años vamos a tener al Chocó con muchas zonas rojas, y a mitad de siglo todos los bosques de ese departamento habrán desaparecido.
¡Es algo que no podemos permitir!
Los bosques son el hogar del 80 por ciento de la biodiversidad mundial de plantas y animales y, por ello, su destrucción pone en peligro la supervivencia de muchas especies.
Si desaparecen los bosques y los páramos, no habrá manera de absorber el agua que cae de la lluvia, y cada vez tendremos más inundaciones, más desastres y más colombianos afectados.
Según la FAO, cada año desaparecen en el mundo más de 13 millones de hectáreas de bosques.
El narcotráfico y la siembra de cultivos ilícitos ha sido un cruel depredador de nuestro ambiente, tanto que se calcula que en la última década hemos perdido por su causa un área de bosques y selvas similar al tamaño de El Salvador.
Yo hablaba hace unos minutos, antes de venir a este evento, con el Presidente (Ollanta) Humala de Perú. Lo llamé para otro asunto, pero acabamos en este tema, hablando sobre cómo, por ejemplo, en el Grupo Andino –y ya que usted, Bruno (Moro, Coordinador del Sistema de Naciones Unidas en Colombia), ofrece generosamente la ayuda suya, de Naciones Unidas y la de Europa– entonces le decía yo al Presidente Humala, pensando en qué tipo de actividades podemos concentrarnos en el Grupo Andino, en la Comunidad Andina de Naciones, con la ayuda de Venezuela.
Decía: ‘el medio ambiente, eso es algo que nos une'. Todos los países somos países que tenemos grandes bosques, la Amazonía, y que deberíamos adelantar esfuerzos muy importantes en contra de la minería ilegal y en contra del tráfico ilegal de maderas. Ahora les hablo sobre eso. Y ahí podríamos adelantar una muy buena labor, porque este es un verdadero.
Porque éste es un verdadero ‘ecocidio’ que denuncié insistentemente como Ministro de Defensa.
Y hablábamos también con el Presidente Humala cómo el narcotráfico está depredando nuestros bosques y a un ritmo impresionante, en áreas que nadie su hubiera imaginado hace unos años que esto pudiera estar sucediendo.
Ya vemos en el Amazonas, en el centro del Amazonas, en el departamento del Amazonas, gente deforestando para producir coca. En la medida que somos exitosos –mire la paradoja–, entre más éxito, más los forzamos a ir a zonas donde cometen sus delitos, producen un daño peor en materia ambiental.
Y la comunidad internacional debe ser consciente, porque las drogas no sólo acaban con la salud y la vida de los consumidores, sino que propician la violencia y la corrupción y destruyen nuestra naturaleza.
Cuando era Ministro de Defensa hicimos un estudio con los jóvenes de Europa. Muy escépticos sobre todo. Pero cuando les mostrábamos como la coca, cada pase de coca que se ‘metían’, producía la destrucción de los árboles, inmediatamente reaccionaban.
Ahí hay un filón que podemos aprovechar mucho mejor para que la gente deje de consumir droga, que produce no solamente violencia sino este tipo de ecocidios.
En nuestro país, además, se pierden más de 330 mil hectáreas de bosques al año por distintas razones, entre ellas la tala ilegal para propósitos comerciales.
El 42 por ciento, es decir casi la mitad de la madera que se produce y se comercializa en el país, viene de árboles que han sido cortados ilegalmente, según el Banco Mundial.
Es más, en la región Caribe sólo queda un uno por ciento –¡uno por ciento!– del bosque seco tropical y el resto ha sido tumbado.
Y les voy a dar unas cifras sobre el provecho que obtienen los ilegales para que se hagan una idea.
Éste es un negocio que mueve alrededor de 60 millones de dólares al año.
Un metro cúbico de madera legal cuesta unos 600 mil pesos, mientras que la misma medida de la ilegal puede costar 350 mil, es decir casi la mitad.
Cruzada contra madera ilegal
Así que quiero aprovechar este momento y este escenario –en el que cerca de 50 entidades públicas y privadas se unen para ratificar y extender el pacto por la madera legal– para anunciarles un compromiso muy importante:
Así como hemos emprendido una cruzada contra la minería ilegal –la hemos declarado objetivo de alto valor–, queremos incluir como objetivo de alto valor también de nuestro Gobierno, la lucha contra el tráfico ilegal de madera.
Nuestra meta es asegurar que toda la madera que se extraiga, se comercialice y se utilice en nuestro país provenga exclusivamente de fuentes legales.
Yo sé que no será difícil de lograr, pues la firma de este pacto confirma el compromiso de muchas entidades que harán un esfuerzo para lograr combatir la ilegalidad en este frente.
Y yo creo, general Naranjo (Óscar Naranjo, Director de la Policía Nacional) que este es uno de los pactos y de las cruzadas que va a tener más respaldo de la gente. Cuando les explique uno el daño que hace el tráfico ilegal de maderas. Ahí la Policía y la Fuerza Pública va a tener a todo el mundo respaldando esa cruzada.
Con esto también estamos ratificando ese principio fundamental contemplado en la Política Nacional Ambiental, que dice que las acciones encaminadas a proteger, conservar y recuperar el medio ambiente son una tarea conjunta entre el Estado, el sector privado, la comunidad y las organizaciones no gubernamentales.
Y así lo estamos haciendo. Es que ese es un tema que nos interesa y nos debe involucrar a todos.
La emisión postal que hoy lanzamos es un paso en esa dirección.
Y me complace saber que las entidades que promueven este pacto –la Alta Consejería para la Gestión Ambiental, el Ministerio de Ambiente, la Federación Nacional de Industriales de la Madera, el Proyecto Gobernanza Forestal y el Fondo Mundial para la Naturaleza– están promoviendo procesos de sensibilización entre algunas comunidades vulnerables, donde la situación es bastante crítica.
El Gobierno participa y apoya incondicionalmente este pacto, que complementa el plan de acción que hemos diseñado para evitar que nuestras selvas y bosques se sigan deforestando.
Se trata del Plan de Reforestación de hectáreas comerciales, que hicimos basándonos en la experiencia de otros países como Chile y Uruguay, en los que el sector forestal ha registrado un crecimiento importante.
Este plan tiene dos objetivos fundamentales: brindar seguridad jurídica a las inversiones en reforestación, y tener una institucionalidad fuerte, que esté alineada con el reto de convertir la reforestación en el combustible de la locomotora del Agro.
Además, contempla también la creación de una Ventanilla Única Forestal para la atención ágil y oportuna de los trámites que requiere esta actividad productiva.
En esta ventanilla estarán presentes funcionarios de los ministerios de Agricultura, Ambiente, Defensa, Comercio, el ICA, la Policía de Carreteras, entre otras entidades, todos encargados de agilizar los trámites que se requieran para impulsar la reforestación y combatir la tala ilegal.
Otro de los objetivos que nos hemos trazado es invertir las tendencias del consumo de madera.
El consumo para usos industriales es de 3 millones de metros cúbicos al año, de los cuales más del 80 por ciento proviene de bosques naturales y el 12 por ciento de plantaciones.
Queremos lograr que al menos el 80 por ciento de la madera que se consume salga de plantaciones.
Para llevar este plan a buen puerto, destinaremos unos 450 mil millones de pesos del sector público en su ejecución de aquí al 2014.
Y ojalá el sector privado contribuya con una inversión igual o superior.
Teniendo en cuenta estas estrategias, nos hemos trazado unas metas bastante ambiciosas y estoy seguro de que –si trabajamos con empeño y dedicación– las vamos a alcanzar.
Al empezar el Gobierno nos encontramos con una línea base de 350 mil hectáreas comerciales y 310 mil protectoras sembradas.
Aumentar meta de reforestación
Así que nos propusimos como meta para el cuatrienio sembrar 250 mil nuevas hectáreas comerciales y 90 mil más protectoras, para alcanzar el millón de hectáreas reforestadas.
Pero voy a confesarles algo. Cuando revisé la cifra de las hectáreas protectoras que queremos restaurar –las 90 mil que incluimos en el Plan de Desarrollo– me parecieron muy pocas.
Entonces llamé a nuestra consejera, la doctora Sandra Bessudo, y le pedí que hiciéramos lo posible para aumentar esa cifra como muestra de nuestro compromiso con este importante tema.
Hoy quiero anunciarles esa nueva meta, que se traduce en la cifra más ambiciosa que haya tenido el país en esta materia: restaurar más de 280 mil hectáreas protectoras de bosques para el 2014. ¡Es más de tres veces la meta inicial!
Estoy convencido de que podemos lograrlo con el esfuerzo de todos los que están aquí presentes.
Y para hacerlo, vamos a destinar 1,3 billones de pesos, de los cuales 900 mil millones corresponderán a aportes del Gobierno y 400 mil a inversión privada y donaciones.
Como ven, aquí estamos poniendo todos, y es así como realmente se logran las grandes transformaciones.
Como dije al principio, tenemos por delante un gran desafío, quizás mayor a cualquier otro que nos hayamos enfrentado.
De nosotros depende que empecemos hoy a tomar las medidas necesarias para que nuestros hijos puedan vivir en un país mejor.
Para que ellos, en unos años, no tengan que sufrir por nuestras imprevisiones.
Si nos comprometemos con la naturaleza, lo vamos a lograr.
Porque no podemos permitirnos perder toda esa riqueza natural que tenemos, de la que debemos sentirnos orgullosos y que hoy más que nunca debemos proteger.
Martin Luther King decía:
‘Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol’.
Los invito a que hagamos lo mismo, a que tomemos acciones en el presente para evitar en el futuro una verdadera catástrofe.
Muchas gracias”.